Episodio 041 · Despierta con Oyenacho
Un año después del divorcio: lo que mi cuerpo me enseñó
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Muy buenas, bienvenido a un podcast más de Despierta con Oye Nacho. Y hoy es Despierta con Oye Nacho con 44 años. Hoy justo es el día de mi cumpleaños y digo, oye, iba a hacer un reel para Instagram como compartiendo un poco mis aprendizajes o qué he aprendido sobre el despertar espiritual, sobre el autoconocimiento, sobre todo este proceso personal de conocerte, de vincularte, de ser padre, de ser pareja, de ser marido, de ser exmarido. De ser hijo, de todas estas cosas que somos. Y he dicho, bueno, qué mejor un podcast, que así si tardo más tiempo pues se queda un poquito mejor. Y también me lleva como a estar más tranquilo mientras lo comparto, que en Instagram se acelera uno un montón para decirlo en poco tiempo. Y creo que es difícil decir en poco tiempo todo lo que quiero decir ahora. Así que, ostras, 44 años. Y por situaros un poco en mi vida, en donde estoy ahora mismo, hace un poco más de un año y medio de mi divorcio, que ha sido de las últimas cosas en mi vida como más fuertes, y de la que he hablado en el podcast, pero también he quitado los podcasts de donde hablaba de eso, porque en este proceso de este último año básicamente me he ido dando cuenta cada vez más de, bueno, primero de lo que cambia cómo piensa uno. Y que puedes pensar una cosa ahora y luego pensar otra, y está bien cambiar de opinión. Yo mismo me lo he permitido mucho, y aunque lo sigo juzgando de vez en cuando, está bien. Pero es verdad que en este año me he concienciado mucho de que a veces hacemos daño con lo que decimos, cuando involucra a otras personas, cuando hay muchas maneras de entender las cosas. Y bueno, en este último año te diría que una de las cosas que ahora, según lo digo, siento la emoción, es el que hay cosas que hacen daño. Y es curioso porque me he pasado toda mi vida intentando no hacer daño, y en verdad debajo de eso está intentando evitar que me hagan daño, intentando evitar el dolor, evitar verlo, evitar ver el daño incluso que ya había dentro de mí. Y en ese evitar pues de muchas maneras he creado ese daño, no he hecho ese daño a otros, me he hecho ese daño a mí. Y es guay verlo, no, es guay ver que al final apuntaba hoy en el diario, que estaba justo escribiendo en mi diario sobre el día de hoy, y ponía eso, no, como que siento que hay una parte de mí que veo a un niño pequeño asustado debajo de una cama dentro de mí, a mi niño. Y que luego cuando sale de la cama, debajo de la cama está intentando evitar que le hagan daño. Y claro, si estás intentando evitar que te hagan daño, es muy difícil ver el amor, ver la paz, ver la serenidad, ver lo que te quiere la gente, ver lo que te puedes querer tú. Es muy difícil. Entonces fíjate que una de las primeras cosas que he hecho hoy, que nada más levantarme, bueno, siempre nada más levantarme recito un par de oraciones que me salen ya automáticas según mi conciencia se despierta después de dormir. Salen esas dos oraciones, y una es la de la serenidad, que es Dios o poder superior, cada uno como él quiera. Que para mí hay algo muy curioso, y perdona que me vaya por las ramas, pero es que es muy interesante, y es que Oliver cuando he hablado con él de creer en Dios, por ejemplo, a él no le gusta creer, por ejemplo, en Jesucristo. No sé por qué, vete tú a saber qué habrá escuchado, pero es como que no, no, si es ese Dios yo no quiero creer en él. Que también lo entiendo, porque lo que habrá visto será pues un Jesucristo crucificado, y siendo niño yo entiendo que sea difícil decir ese es Dios. Y esto da para otro tal que es una para hora y media de podcast. Y entonces, bueno, con él, y gracias al trabajo que hice yo en este año pasado también con los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos, que no soy alcohólico, alcohólico, pero sí soy adicto. Y creo que todos somos adictos a algo. No me apetece y no me gusta compartir a qué soy adicto. A veces se me ha escapado en algún podcast por ahí, pero no me apetece compartir eso. Pero sí que he visto mi adicción en diferentes cosas en mi vida. Y trabajando estas adicciones con los 12 pasos, hay uno, bueno, hay varios de ellos que son sobre el poder superior, lo que puedes llamar Dios. Cada uno puede ponerle la palabra o no, porque ahí hay mucho peso en la religión y en la palabra Dios. Pero con Oliver pues hicimos el trabajo, como se hace en los 12 pasos, de definir, porque ellos te dicen que necesitas entregar tu vida a un poder superior a ti de tu propia definición. Es como te dicen que crees a tu Dios, que tú puedes elegir cómo es tu poder superior, pero es lo que te permite confiar y entregarte a la vida. Puedes definir la vida como tu poder superior, y Oliver definió el suyo. Y entonces ahora él está de acuerdo en entregar su vida, en confiar, en saber que hay algo ahí, pero es un poder superior. Y para él es eso, es como, pero cuando dices Dios es Jesucristo, yo digo es el poder superior que tú quieras. Sabes, que el que tú definas de tu propia definición. Y bueno, simplemente como por decir esto, porque es verdad que en este año los 12 pasos para mí han sido un cambio enorme. No tengo por aquí el libro, ahora lo tengo guardado en la estantería. De todos los programas, o muchos de los que hay sobre adicciones, son basados en el The Big Book of AA, el libro gordo de Alcohólicos Anónimos, y esos 12 pasos que están en sí además basados en los grupos de Oxford que se hacían antes también. Hace muchísimos años. Y bueno, es una cosa increíble. Y en ella te das cuenta, en uno de los pasos, del daño que has hecho. Y tienes que hacer un inventario moral en el paso 4. Y después, en el paso 8, tienes que hacer amends, hacer como restituciones, ¿no? Como de las personas a las que has dañado, escribes una carta, quedas con ellos, o haces una videollamada, o se la mandas, o lo que sea, y compartes Bueno, intentas remediarlo entre comillas. No puedes remediar el daño, pero sí puedes reconocerlo, ¿no? Reconocerlo y amén, que es como intentar restaurar, reparar. Y haciendo eso pues me he dado cuenta de muchas cosas este año. Y he hablado con muchas personas. Y es bonito darse cuenta también de que, fíjate, esa carta no la he hecho y la haré, que es a mí mismo. A esa parte de mí que hoy, en mis 44 años, me doy cuenta del daño que me he hecho y de también como la negación, que creo que es una cosa espectacular que nuestra mente hace, que negamos la realidad, negamos lo que nos pasa, negamos cosas. O sea, es como crear una alucinación negativa, que al negarlo no lo ves, y si no lo ves no lo puedes cambiar, y si no lo ves pues te molesta un montón cuando te lo dicen otras personas, lo que sea. Y yo al hacer este trabajo pues me he dado cuenta en este año de cuánto me he negado yo ver las partes buenas de mi vida, de ver el amor que sí había, de ver el cuidado, los amigos, el cariño, de ver todo. O sea, hasta hoy ponía en mis estados de WhatsApp una foto mía cuando tenía 20 años, yo creo, o algo así, y Y me veía y decía, hostia, qué fuerte, que yo de pequeño me consideraba más bien feo más que guapo. Y veía la foto y digo, qué preciosidad, sabes, qué guapo, qué mirada, sabes, que no sé, me ha encantado. Y ahora me veo mejor, ya no me pasa tanto como cuando era más pequeño, pero yo me consideraba como horrible, sabes. Y era como, joder, qué fuerte cómo nos vemos, cómo está todo distorsionado. Entonces, en este último año he aprendido muchas cosas. He aprendido muchas cosas. Una de ellas es esta parte, ¿no? Como de poder reconciliarte con este niño que está ahí intentando defenderse, evitar el dolor, ¿sabes? Está como en esta lucha, y desde ahí es muy difícil poder amar, ¿no? Poder permitirse ser amado, ser querido. Y es que da mucho miedo que te quieran, ¿sabes? Da mucho miedo porque entonces significa que tienes que parar de buscar y de estar con esa hipervigilancia, y da miedo que te hagan daño otra vez. Entonces es difícil, pero ahí, como lo veo yo ahora, es como mi parte adulta es la que tiene que hacer que este niño se sienta, se sienta bien, se sienta feliz, se sienta seguro sobre todo, porque desde ahí puede empezar a abrirse. Pero que también esto lo reflexionaba estos días, si a este niño le pasó algo con alguien en la infancia, en cuando sea, Y ahora de mayor, pues tú dices, bueno, oye, pues acércate a ese familiar, a tus padres, a lo que sea, como, venga, vamos a acercarnos, vamos a abrirnos nuestro corazón. Ya, tu adulto quizá puede, pero tu niño todavía se retraumatiza si lo haces, ¿sabes? Todavía le cuesta, todavía no puede abrirlo. Entonces, si le llevas ahí, lo fuerzas, lo retraumatiza, ¿sabes? Es como le estás forzando, como hacían los adultos cuando era pequeño. Y yo eso he hecho, eso muchísimo. Vosotros lo habéis visto, los que me seguís en el podcast o en las redes, que soy súper impulsivo, que he sido de hacer— cuando me lancé con el tema de las medicinas ancestrales, las sustancias psicodélicas, la ayahuasca, todo esto, me pasé 3 pueblos de frenada. Hice muchísimo buscando y hoy día lo veo y considero que que era adicción, sabes, que no, que no era, o sabía parte, no, de siempre aprendes cosas, pero entré en un punto de adicción a eso y de buscar y buscar y buscar. Y es no desde el placer, porque creemos que solo es adicción si es que es desde el placer, pero es que nunca lo es, es que es huyendo de un dolor interior, huyendo de un vacío, intentando buscar una manera de conectar con el amor. Y sé que suena raro, no, pero las adicciones son eso. Y, y ostras, también con el desarrollo personal, con el autoconocimiento. Cuando empecé a meditar bien hace 4 años por ahí y fui a los retiros Vipassana, pues hice uno y vi que no, que era como tal, y me hice otro a los meses, y luego me hice otro a los meses, y luego me hice un retiro de oscuridad de 7 días. Todo eso en un año, más otras miles de, no miles, pero muchas cosas que hacía. Buscando, despavorido, como con qué hago con todo este dolor que ni siquiera veo, sabes, que está como dentro de mí como un queroseno quemando y haciendo que me mueva, que me mueva, que me mueva. Y no sé, es difícil, es difícil. Ahora miro atrás y quiero, empiezo a ver cosas bonitas, empiezo a ver también el amor a esa parte, a ese Nacho. Hoy lo escribía en el diario, el amor, la aceptación a esa parte de mí que aunque ahora miro atrás y digo, joder, qué estaba diciendo en las redes, ostras, cómo dije esto, sabes, cómo recomendaba no sé qué, joder, cómo me enorgullecía de hacer esto, cuando ahora lo veo y entiendo que lo hacía desde un sitio de desesperación y demás. Y lo veo y lo reconozco, y a la vez no me arrepiento tampoco, porque hoy puedo ver que ese mensaje que daba, por ejemplo, hace, yo qué sé, 7 años, sobre venga, hazte millonario, el dinero, consigue esto, este logro, el Tucoma Club, el ganar no sé qué, hacer millones. Y está bien, ¿sabes? Es como lo veo con ternura. Ahora puedo mirar a los ojos a ese Nacho y decir, es que te veo con ternura. Y sé que en ese momento había personas que necesitaban escuchar ese mensaje. Y me puedo poner en el juicio y decir, no, pero ¿cómo dices eso? Y no sé qué. Pero qué va, es que cada uno estamos en un momento vital. Yo estaba en un momento vital en ese momento. Y hay personas que hoy no van a conectar conmigo porque ya no estoy ahí, y otras, y habrá otras personas que están en ese momento vital, que no es ni mejor ni peor ni nada, y conectarán. Entonces, no sé, para mí me ha servido mucho como perdonarme eso, porque fíjate que dentro de los 12 pasos también, en este inventario moral que se hace en el paso 4, que es muy profundo y muy fuerte, se trata también de ver tus defectos de tu carácter, ¿no? Como cuáles son tus character defects. Y el más grande mío era no ser honesto. Y es curioso porque en las redes todo el mundo siempre me ha dicho, no, eres súper honesto, súper auténtico. Y es verdad que está muy cerca la honestidad de la deshonestidad, ¿no? Y yo creía que mentir o ser deshonesto era cuando tú sabías que estabas mintiendo, que no era verdad lo que decías, y lo decías, ¿no? Y para mí eso era mentir. Igual para ti también lo es. Y me he dado cuenta con todo este proceso que No ser honesto también es cuando por no ser honesto contigo mismo no puedes acceder a lo que sientes, a lo que de verdad son tus valores, a lo que de verdad te está pasando dentro. Y como no puedes verlo con honestidad dentro, cuando comunicas parece que estás comunicando con honestidad, parece que es verdad. Y es verdad porque es lo que ves, pero realmente hay otra cosa dentro. Y ahí es donde yo he visto mi deshonestidad, ¿no? Como en no poder ver, no poder tener tanto miedo por comunicar algo, por ser honesto, que ni siquiera te das cuenta de que no lo estás siendo. Y creo que en las redes en concreto he sido bastante honesto porque he ido siempre con lo que sentía, ¿no? Pero muchas veces no he sido capaz de acceder a lo que de verdad estaba dentro, y entonces ahí es donde no he podido ser honesto porque es que no podía, es que era imposible. Y ahora cada vez lo soy más, pero habrá veces que no lo sea también, porque es muy difícil atravesar, ¿no? A través de tu intelecto, de tus emociones, de tu instinto, de todos esos condicionamientos. Y ostras, es la leche. Y está bien verlo porque te puedes dar cuenta que cada uno hace lo que puede con lo que tiene y es honesto hasta donde puede, porque no sé, a veces no se puede más. A veces está ese niño ahí dentro diciendo, ya, ya, sí me encantaría, pero es que ser honesto de esa manera significaría arriesgarme a un daño enorme, entonces no puedo. Y qué bonito poder darte cuenta y en algunos momentos decir, oye, pues mira, esto no puedo contarlo, sabes, esto no puedo ser honesto ahora mismo, prefiero no hablar de ello. ¿Y qué más me he dado cuenta? ¿Qué más me he dado cuenta? Bueno, creo que ya os he dicho una parte como muy importante para mí, ¿no? Que han sido los 12 pasos. Que me da cosa, me siento ahora emocionado, me dan ganas de borrar este vídeo y me cuesta hablar de esto, la verdad. Pero a la vez ha sido lo más liberador que he vivido este año, lo más liberador que he vivido este año. Y sé que la palabra adicto suena como muy fuerte, pero es así. ¿Y qué más en estos 44 años? Mira, una de las cosas también que me he dado cuenta y que igual te sirve, porque si me sigues a lo mejor hay algo de resonancia en nosotros, es que yo siempre he sido de las personas que hoy, por ejemplo, mismamente es mi cumpleaños, Y nada más levantarme me he puesto un par de canciones. Oliver estaba durmiendo en su habitación y me he puesto a llorar nada más levantarme. Salió lágrimas, he contenido un poco porque sentía esas ganas de— mi cuerpo quería llorar a moco tendido, pero no podía tampoco con Oliver, no me apetecía, no quería entregarme hasta ahí. Y me ha sido fácil. He puesto una canción para dedicarme un feliz cumpleaños a mí mismo por la mañana, muy bonita. Y me ha sido fácil. Y luego por la mañana me han traído un regalo a casa y era súper emocionante, y yo lo notaba en esa amiga que me estaba dando este regalo, pero no podía emocionarme, ¿sabes? Es como al revés, es como que me desconecto. Y me ha pasado también en otro curso que estuve hace poco, y me emocioné muchísimo, estuve súper abierto durante 2 días, y luego llegó un momento en el que todo cambió y me desconecté. Y siempre me he juzgado mucho por desconectarme, pero es como juzgar a un equipo electrónico de una casa donde está hecho para, me lo voy a inventar, 100 vatios, y cuando hay 110 saltan los plomos y no tienes nada que hacer. O sea, o cambias los plomos, que de momento estoy en ello, a ver si consigo poco a poco cómo hacer ese upgrade, actualizarlo y poder cada vez aguantar más corriente, o no puedes hacer nada, saltan los plomos y saltan los plomos. Y solo puedes reducir la intensidad, apagar unas cosas en la casa para que los vatios sean menos, y le das a los plomos y se quedarán otra vez. Pero si no apagas un poco, no puedes darle. Entonces, para mí ha sido fuerte también este año entender que cuando me desconectaba, el juicio mío lo veía a través de otras personas que me decían: jo, qué frío eres, qué calculador, cómo puedes estar desconectado en esto, parece que tienes pinchos, yo qué sé, cosas así que que era mi propio juicio hacia mi desconexión, hacia mi protección, pues lo veían otros, que no entendían tampoco lo que me pasaba, y que lo entiendo. Y ahora me doy cuenta que por primera vez en este curso pude decírselo a una compañera, a Rosa, y le decía, como digo, oye, gracias por tu cariño, gracias por acercarte, gracias por verme, y mi cuerpo es que está desconectado, es que es verdad que se sienten mis pinchos, pero yo quiero ese cariño, yo quiero la cercanía, solo que no puedo con tanta emoción y me cierro. Y no es algo igual que las personas que lloráis un montón y que os podéis conectar, no podéis parar de llorar así en un instante. Yo no puedo conectarme así en un instante, necesito que baje la emoción, que baje el miedo a abrirme, que baje el miedo a que me hagan daño. Y cuando baja, ya puedo subir los plomos y volver a estar conectado. Y entonces, no sé, cuidarme en eso es desafiante. Hoy, el día de mi cumpleaños, me ha mandado un par de mensajes de audio, uno mi amiga Mónica Mónica Galán, y me echaba a llorar porque también me cuesta mucho menos cuando estoy solo, y porque ha sido muy emocionante escucharlo, escuchar estas amistades de tantos años que te ven, que te quieren, que no sé, es muy guay, es muy bonito. Y todo esto para decir que he cambiado mi biografía de Instagram, que antes ponía: poniendo palabras al dolor que te enseñaron a callar. Esa era mi biografía de Instagram antes. Y lo puse en un momento hace unos meses porque estaba escribiendo mucha poesía, estoy escribiendo muchos relatos, y no sé, me sentía como que era por ahí, que estaba poniendo palabras al dolor que estaba dentro de mí, que no podía acceder a él, que ahora cada vez puedo conectar más con él. Y hoy, justo por mi cumpleaños, y como pensando un poco dónde estaba, lo he cambiado por esto. Aprendiendo a amar y compartiendo mi experiencia en el camino. Que es como, no sé, quiero empezar a compartir mi experiencia de cómo es volver a amarte, volver a descubrir lo bueno de la vida, lo bonito, volver a no negar el dolor, sino ahora tenerlo aquí, pero poder también ir tocando esa parte del amor, de lo bueno. Y en ello estoy. Y bueno, para cerrar este podcast, Creo que poco más, que muy agradecido de los 44 años, muy agradecido de todo lo que ha pasado en mi vida, y que este año que entra me apetece hacer mucho arte, me apetece cantar, me apetece aprender a tocar la guitarra, que empiezo también ahora, me apetece escribir mucho, hacer cortos. Tengo como objetivo también que mis novelas, que todavía no he publicado ninguna, las que publique terminen siendo series de Netflix o películas y que lleven un mensaje muy bonito dentro, escondido, que no se vea casi, pero que lleven un mensaje chulo. Y nada más, que gracias por escuchar el podcast, que se vienen podcasts nuevos con entrevistas también que he estado haciendo. Y nada, te mando un abrazo muy grande, te deseo un feliz día, una feliz semana y muchos aprendizajes en este camino. Y nada, que te ames mucho, te aceptes mucho, y poco a poco ir como mirando también todas estas partes luminosas, ¿no?, que nos cuesta ver de nosotros mismos, que están ahí. Está ahí, igual que hay dolor, tristeza, en la misma medida tenemos un montón de alegría, de felicidad, hay un montón de luz. Así que nada, un abrazo muy grande, gracias por escuchar el podcast, y nada, te leo en comentarios.

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