Episodio 011 · Despierta con Oyenacho

Impermanencia - 11 principios para un vida plena.

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Muy buenas, bienvenido a este podcast. Este es un podcast especial porque voy a analizar y contarte mis aprendizajes que he tenido en mi segundo intento, o la segunda vez que he hecho un retiro vipassana de 10 días, que es un retiro de meditación donde estás 10 horas y media cada día meditando. Estás en silencio, no puedes tener contacto ni siquiera visual con otras personas. Estás en ayuno intermitente, desayunas a las 6 de la mañana, comes a las 11 y ya no tomas nada, solo un vaso de té o de limonada a las 5:30 de la tarde. Y que es muy intenso. Hice uno, que de hecho grabé otro podcast sobre este primer Vipassana, y en ese Vipassana primero yo creí que me había vuelto completamente loco, 100%. O sea, fue como tener brotes psicóticos, literalmente, dentro del propio retiro. Salí con una sensación de apego y deseo a la realidad, a las cosas que tenía, a la gente, a todo. Salí como un niño que le hubieran pegado una paliza y le hubieran hecho bullying en el cole y sale corriendo a coger a su papá. Pues salí un poco igual. Y ya lo decía en el otro podcast, que lo puedes escuchar, hace 2 podcasts creo más o menos, que fue la experiencia más difícil de mi vida. Fue lo más difícil que he hecho en mi vida, el Vipassana, el primero. Y por eso precisamente decidí que quería hacer un segundo, porque tuve muchos beneficios de haber hecho ese primero, me di cuenta de muchísimas cosas, me enfrenté a partes de mí que no había visto en ninguna otra cosa, no había tenido el espacio para poder verlo en alguna otra cosa. Y lo vi ahí con mucha, no sé si claridad, pero con mucha intensidad. Sentía que en este año, hace 7 meses que hice ese retiro, han pasado más o menos 7 meses entre un retiro y el otro, sentía que necesitaba hacer un segundo. Es un poco casi mi personalidad, es muy de Nacho, el que si algo es muy difícil, hacerlo 2 veces o 3, las que sean necesarias para tener los beneficios y para crecer lo que se puede crecer con ello. Así que en este retiro, todo este podcast van a ser 11 lecciones. No sé si he puesto 11 al final o 10. No, 11. Hay 11 lecciones. 11 lecciones que aprendí en los 11 días. Porque al final tienes 10 días, entras un día por la tarde, creo que es un martes cuando entras. No, un miércoles. Entras un miércoles por la tarde, en la noche ya haces el voto de silencio, y a partir del día siguiente empiezas con el día 1. Entonces, es día 1, 2, 3, así hasta el día 10. Y el día 11 es cuando sales. El día 11 sales de Vipassana y ya te vas a tu casa. Entonces, todos los días, incluido el 11, tuve aprendizajes. El 11 también fue un aprendizaje interesante porque es interesante lo que sucedió. Entonces, quiero contarte todo y decirte estas 11 lecciones. Cada día lo que fui haciendo, porque es como muy interesante, ¿no? No puedes tener papel ni boli, ni puedes leer, no puedes que no hay nada para distraerte. No tienes móvil, estás totalmente incomunicado, no hay nada de cosas electrónicas. Estás tú contigo mismo y meditando. Y con los profesores de meditación, que en verdad no hablan mucho, estás contigo. Es muy heavy, es muy heavy la sensación. Entonces, yo sabía que en este tenía la intuición de que iba a necesitar mucha ayuda de mi mente, de mi corazón, de mí mismo, de estar muy colocado, muy sereno, para poder hacer esto, para poder tener ese beneficio que quería tener. Y entré con un objetivo muy claro, que quería salir de este retiro Vipassana sintiendo que me daba igual salir, ¿sabes? Como en plan sin deseo, sin apego a salir. Decir, oye, OK, ya toca salir, es día 11, toca irse a casa, perfecto, me voy a casa. Quiero ver a mi familia, evidentemente, estoy con ganas de verles, pero no con un apego, no con un deseo descomunal, ¿sabes? Como la otra vez, que fue lo que lo que viví. Y también tenía otro objetivo, que era que cada día fuera— O sea, no estar obsesionado con que llegara el día 10 para que acabe el retiro, sino ir viviendo cada día y tener un poco como eso, vivir el presente, era uno de mis objetivos. Entonces, al final, lo que surgió con estas lecciones ha sido casi como un sistema operativo, porque cada día yo sabía cuál era mi objetivo, Y entonces, iba ajustando y diciendo: Vale, me está pasando esto, pero ¿qué puedo hacer o qué enseñanza puedo tener sobre esto? ¿Cómo manejo en mi mente esta situación que me está sucediendo? Así cada día, ahora lo verás con los días. Y sin querer, fue saliendo como unos principios. De hecho, yo lo he querido llamar como este podcast, Impermanencia, porque es lo que más he aprendido. Y Vipassana va mucho sobre eso, sobre entender la impermanencia de todo. Y que no puedes agarrarte a nada, y que cualquier apego que puedas tener es ilusorio, porque ni siquiera tu cuerpo ni nada. Lo único eterno es tu conciencia, tu alma, si lo quieres ver así, pero tienes que rebuscar mucho para encontrarlo. De hecho, en muchas ramas del budismo ni siquiera hablan del alma, o sea, no creen en un alma, en esta parte. Pero bueno, en eso no me voy a meter mucho. Y bueno, el caso es que en esta vida, en lo que se ve, en lo que es tangible, en lo que puedes comprobar, en lo que experimentas en el día a día, solo hay una cosa que yo veo eterna, y es tú. Que tú, tú profundo, no tú como tu personalidad, tú no, ni siquiera Nacho como personalidad es eterno, pero hay algo detrás que es esa parte tan espiritual que no se puede prácticamente hablar de ella, que sí que se siente eterna. Y el momento presente también se siente eterno, sobre todo cuando estás en un entorno así. Y asusta un montón la eternidad, porque es como, para mí lo he vivido estos días y era casi como si fuera la muerte. En serio, es una sensación muy rara y a lo mejor las personas que lo hayáis vivido lo veréis así, pero es como la muerte, es como un estado diferente de ser y acojona. Todo el resto de cosas son impermanentes, incluso eso termina siendo impermanente, ¿no? Pero bueno, decirte que este podcast no es sobre budismo, no soy un especialista, no soy. Sé cosas, he leído un montón porque me interesó mucho después del primer retiro Vipassana y me puse a leer como un loco para poder entender cosas y para poder interiorizarlo y probarlo. Pero yo no leo o estudio este tipo de cosas con objetivo de aprendérmelas de pe a pa ni nada. Entonces, Si haces budismo tú o si estás interesado, busca más información. Yo te voy a dar pinceladas y cosas, creo que no son muchas, la verdad, creo que no he metido prácticamente nada de esto. Pero bueno, Vipassana viene de ahí, de Gautama, el Buda Gautama. Y bueno, hay muchas cosas que puedes leer. Yo lo que te quiero contar es mi experiencia personal. De hecho, te quería decir que cualquier beneficio que obtengas de este podcast, de hecho, de cualquier capítulo, Es totalmente involuntario. No es mi objetivo principal que tengas un beneficio, mi objetivo principal es ser superabierto, supervulnerable y contarte lo que yo he vivido. Si obtienes un beneficio, que es probable que lo obtengas, pues fantástico, yo encantado, de mil amores, lo hago también por eso, porque quiero que la gente pueda escuchar este tipo de podcast y sacar cosas y probarlas ellos, ver... Si te hacen sentido, si no. Pero de verdad, no es un podcast donde quiera venderte ninguna idea, donde quiera convencerte de nada, donde— Es que esto es tan personal, la vida en general es tan personal, que solo te puedo contar lo que yo he vivido para que veas un poco esto, para que te sirva en tu vida de la manera que sea. Entonces, sé que a lo mejor hay algunas personas que no han escuchado el primer podcast de Vipassana, de mi primera experiencia. Te recomiendo que lo escuches para que entiendas esta parte aún más en esto. Y nada, y vamos a ir al lío directamente. Te voy a empezar a contar los días, lo que fue cada uno de los días, y decirte que fíjate, cuando entré a Vipassana esta vez, la otra vez entré al primer Vipassana que hice, iba nervioso, pero bueno, no nervioso, iba bastante tranquilo. Me encontré gente, fue una entrada como muy bueno, ya está, me despedí de la gente por el móvil, tal, fue todo como muy Muy fácil, entré como muy fácil, con relax, con mucha tranquilidad. Esta vez entré con una presión que flipas. En la otra entré sano también, que eso es importante. En esta entré con muchísima presión, llamadas de última hora, problemas de la empresa de última hora, con hemorroides, entré hecho polvo, con la garganta mal, tos, con llagas en la boca. Sintiéndome flojo, entré hecho una mierda. Entré casi como— Fue como entregué el móvil, y en la primera vez me acuerdo de entregar el móvil y entregarlo con pena, como diciendo, ostras, 10 días sin móvil. En esta entregué el móvil y fue como, mira, toma, no lo quiero ni ver. De verdad, necesito un respiro, necesito un respiro. Así que fue súper diferente, y sé que somáticamente mi cuerpo estaba como— Diciendo, no, no, no, aquí no quiero entrar otra vez, que aquí, madre mía, lo que se vive. Creo que mi cuerpo me estaba reaccionando, dándose cuenta de lo que tocaba. Y así fue como entré. Casi como ahora, que estoy tomando una respiración, pues fue un poco lo mismo. Tomé una respiración, dije, mira, esto es lo que quiero hacer, sé que va a ser bueno para mí, y ya está, vamos a darlo todo y voy a hacer lo mejor posible. Y me va a servir, sé que esto es necesario para mí, sabía que era necesario. Entraba en una situación muy delicada también a nivel empresa, porque justo tampoco estaba el director general, yo me iba también, se quedaba Sara con la empresa, menos mal que estaba ella al mando, pero era un momento como de tensión también a nivel empresarial, y yo también tenía ahí detrás de la oreja el: Ostras, ahora cuando salga, a ver qué marrones me toca. Y la verdad que eso cuesta bastante. Cuesta bastante. Así que bueno, entré a Vipassana y empezamos por el día 1. El día 1, ya te decía antes que tenía mi objetivo muy marcado, ¿no? Y yo quería que cada día fuera un día 1 sin más. Entonces, el día 1, todo el aprendizaje fue estar en el presente. Fue esta frase que yo me apunté. De hecho, lo apunté como en la frente, porque fui poniendo en diferentes partes del cuerpo los aprendizajes. Y en mi frente puse día 1 sin más. ¿Por qué puse esto? Porque la otra vez, en el primer vipassana, lo que hice fue ir contando con piedras, con palitos, con no sé qué, con los dedos, los días que llevaba y cuántos faltaban. Y fue una auténtica obsesión, fue casi como estar en la cárcel contando la condena que te falta para salir. Y en esta vez yo no quería sentir eso, quería sentir que cada día era un día 1 Entonces, este en concreto era el día 1 en verdad, ¿no? Pero era como, es día 1, no voy a pensar en quedan 9 más. No, es día 1 y punto. ¿Sabes? Es como día 1 sin más. No hay nada, no es un día más, no es un día menos. Que también es fácil decir, ah, un día menos, qué bien. Pero construye deseo. Cuando haces, ah, ya un día menos, me queda menos, estás deseando que llegue el momento futuro, te estás escapando del presente, ¿no? Y yo no quería que pasara eso. Yo quería que fuera un día 1 de verdad. Y con las meditaciones me pasó lo mismo, porque empiezas y el horario es de: te levantas a las 4 de la mañana, 4:30 empiezas a meditar, son 2 horas, de 4:30 a 6:30 en esa primera tanda, y luego son así, más o menos, son en total desde las 4:30 de la mañana hasta las 9:30 de la noche, más o menos, meditas 10 horas y media, el resto son descansos y comida y eso. Entonces, pues hazte a la idea, son tandas de 3 horas de meditación, de 2 horas, alguna creo que es de 4, No sé, es una barbaridad. Entonces yo me sentaba a meditar y decía, ok, meditación 1, sin más. No pensé, porque claro, desde el principio dices, ah, ya me he quitado la de 4:30 a 6:30, y puedes entrar en ese plano, ¿no? Yo he entrado en eso de decir, venga, ya queda menos. No, era como, acuérdate de este aprendizaje aquí en la frente, meditación 1, sin más. No es una más, no es una menos, es meditación 1. Y entonces acababa y yo mismo, con ese aprendizaje, decía: No, no, no pienses que es una menos. Da igual, da absolutamente igual. Cuando me sentaba a la siguiente, decía: Meditación 1, sin más. Y entonces, con toda la de olas que tienes, pues te repites mucho los aprendizajes. Yo por la mañana me levantaba y decía: Bueno, vamos a ver cuál es el aprendizaje de hoy o el tema de hoy. Y iba simplemente viviendo el día y, ah, mira, hoy esto podría ser el aprendizaje. Ah, mira, este de aquí podría ser. Iba así buscando más o menos cuál era el aprendizaje. Y en este fue el día 1. Día 1 sin más.

Así.

El día 2, y bueno, mi día 1 lo viví bastante bien, porque la verdad que estuve bastante centrado y con este aprendizaje, llevando ahí, venga, día 1 sin más, meditación 1 sin más. No empieces a contar ya una menos, ya queda menos. No, no, sabes, era como cada vez que eso me pasaba, no, me iba a mi aprendizaje. Día 1 sin más, meditación 1 sin más. Todo lo que hacía era como lo primero que hacía por primera vez, y es el 1, sabes, no es llevo 7, no es faltan, no, no, era día 1. El segundo día, esto suele pasar porque empiezas el primer día, estás 3 días y medio, no, 4 días y medio más o menos, o 3 y medio, no, 3 y medio creo que son. Haciendo una meditación que se llama anapana, que es respirar por la nariz, o sea, respirar naturalmente, pero solo ser consciente de cómo entra y cómo sale el aire. En este caso, yo era estudiante antiguo ya porque era mi segundo retiro. Entonces puedes centrarte ya más en las sensaciones que tienes en una zona muy específica, que en mi caso, bueno, yo me centraba aquí en donde está el bigote. Y entonces estás centrado en las sensaciones que tienes ahí de tu cuerpo, de esta parte, y en cómo entra y cómo sale el aire, en sentir cómo entra y cómo sale. Y para mí es de las meditaciones más tortura que he visto en mi vida, literalmente. Porque no sé qué leches pasa, porque tú respiras natural, no tienes que hacer fuerza ni respirar más fuerte, más flojo, no es una respiración, un pranayama. Pero empieza tu mente a volverse loca, empiezan a salir pensamientos, porque claro, son horas y horas y horas. El primer día, 10 horas y media, así viniendo de la calle, que yo venía de estar meditando durante 7 meses más o menos. Una hora al día o por ahí aproximadamente. Pero claro, 10 y media al día no venía yo de meditar. Y en el primero que hice de Vipassana venía de meditar mucho menos. Entonces, la mente te vuelve loco. O sea, es increíble la de pensamientos y la de cosas que suceden en tu mente. Y en el primer día, pues más o menos te pilla fuerte. Es el primer día y lo llevé bien. El segundo, nada más que empezó, empecé a sentir que ya nada más levantarme, mi mente estaba como, ostras, como un ordenador que se hubiera vuelto loco con un virus y escupiendo pensamientos, diciendo cosas, no sé, como de locos. O sea, era más bien de locos. Y yo estaba totalmente enredado con ellos, prácticamente, porque reaccionaba a ellos. Y Vipassana se trata de que no reacciones a tus sensaciones del cuerpo Y evidentemente a tus pensamientos tampoco. Entonces, en ese día hubo un momento en el que de repente digo: Ostras, claro, es mi mente, mi mente, mi mente, mi mente. No paras de decir: Oye, es que mi mente, es que mi mente. Digo: Pero yo no hablo con mi mente normalmente. Y dije: ¿Y si la mente fuera un asistente que tienes como Siri, como Alexa? Y dije: Oye, mente, Y empecé a hablar con mi mente, le dije, mente, oye mente, gracias por estos escenarios que me estás pintando tan catastróficos de, oye, cuando llegues igual tu mujer te ha hecho la maleta y se quiere divorciar de ti, porque es así en la mente, o sea, es como allí en Vipassana pasan unas cosas espectaculares, ¿no? O, oye, es que mira, tal, y era como, oye mente, gracias, gracias porque entiendo que me enseñes estos escenarios y ya no hace falta que me enseñes más, vamos a meditar, vamos a seguir meditando con Anapana, Y luego hablamos, ¿ok? Gracias, te amo. Y así, ¿no? Y entonces veía de repente, ostras, pues se ha callado, se ha silenciado esto un poco. Y de repente otra vez, bla, bla, bla. Y decía, vale, oye mente, ¿de qué tienes miedo? Y me decía, pues de esto, del otro. Ok, y oye mente, ¿qué crees que podemos hacer? Mira, esto, esto, esto. Perfecto. Mira, pues de las 3 yo creo que esta es la mejor. Y empecé a hablar con mi mente. Literalmente, empecé a hablar con mi mente, algo que no había hecho nunca. Y también le daba las gracias. Obviamente, gracias porque eres súper creativa, aunque a veces me acojonas, eres súper creativa, eres un ordenador súper potente, te lo agradezco, pero vamos, muchísimo que estés ahí. Y de vez en cuando, pues iba andando y decía, obviamente, y ya notaba como si fuera Siri, como si se encendiera la luz, o Alexa, y le decía, te amo. Ya está, y seguía andando. Y a lo mejor pasaba algo, lo que sea, decía, obviamente, Recuerda, recuérdame durante el día de hoy lo que hablamos ayer, del día 1 sin más. Gracias, obviamente te amo. Y empecé a hablar con mi mente, empecé a hablar con mi mente, a entender bastantes cosas, ¿no? Empecé a quitar ese poder a los pensamientos porque empecé como a diferenciarlo, ¿no? Era como por un lado estaba mi consciencia, mi parte más consciente, más que puede dirigir, ¿no? Como te diría yo, ¿no? También. Y por otro lado estaba mi mente, que crea todos esos pensamientos, estrategias, escenarios, imágenes. Entonces, de repente pude vivirlo como dos cosas, como estoy yo y está mi mente. Y mi mente no es mi enemiga. A veces se comporta como eso, porque quizás las preguntas que le hago o las cosas que ha visto o lo que sea, pues hace lo que hace, ¿sabes? Es como una persona, ha sido criada de una manera, ha sido programada de una manera, Y lo que hace es lo que cree que es mejor para mí, para protegerme, para que no me pase nada, para mil cosas. Y entonces, pues lo entendí bastante. Y de hecho, tenía aquí apuntado para decirte que nuestra mente, al final, yo lo veía y lo experimentaba ahí en el Vipassana, digo, claro, de tus 0 a tus 7 años, o antes incluso, en el vientre materno, no hay mente. O sea, hay mente, vale, pero no está esta mente estratégica de pensamientos y de todo esto. Hay otro tipo de mente que Todo es mente, pero no me voy a meter ahí porque es un jardín para un podcast entero. Pero no hay este tipo de mente, este guardián, este asistente, esa mente que es el asistente, el oye mente, no está. Y se va, lo sustituye tu madre, tu padre, tus tutores, tus abuelos. Todo esto van, para mí es como que son tu mente personificada, ¿sabes? Es como no tengo una mente propia a la que yo le pueda decir oye mente, ¿Cómo hago esto? No sé qué, no sé cuántos, porque no es madura, porque me dirá cosas que no me van a ayudar ahora mismo. Pero tengo a mí mis tutores, ¿no? Las personas que tienes ahí, tus padres. Entonces, todo eso crea tu mente. Entonces, yo lo veía y decía: Hostias, es que claro, mi mente es un poco mi abuela, es un poco mi madre, es un poco mi padre, es un poco mis profesores que tuve, que más impacto tuvieron en mí, es un poco la sociedad. Es mi mente también. Y todo eso que antes me sostenía, ahora lo he cogido todo y está en mi mente. Y ya no necesito a mis padres, a no sé qué, ya es mi mente la que lo hace. Pero es un puto robot, que no me extraña que sea casi esquizofrénico. En serio, la mente en sí me refiero, no yo. Pero que sea, o no sé si esquizofrénico, bipolar, o como lo quieras llamar. Perdón si me he equivocado con lo de esquizofrénico. Pero que no... Es normal, es como mucha gente, muchas órdenes, muchas reglas, muchos principios que has aprendido de otras personas que se han quedado en tu mente y que ahora le estás pidiendo a un Alexa que lo han programado 300 personas diferentes con sus movidas mentales y de vida, que te ayude en tu vida. Y entonces es como, ¿cómo te va a ayudar? Es imposible. Y cuando no le haces caso, escupe cosas. Es como si tu Siri, en vez de preguntarle, aunque no le preguntes, te dijera cuando entras en casa: Hoy han muerto 5300 personas en África. Ayer pasó no sé qué. Cuidado, hay peligro de infección en no sé dónde. Las personas que trabajan más de 8 horas tienen peligro de morir por... Que te dijera todo eso sin tú preguntarle. Y es como, hostia, pues sí, estaría amargado si cada vez que paso al lado de Alexa me da malas noticias o me plantea escenarios y me pregunta, oye, ¿has pensado qué pasaría si tu mujer se separara de ti? Es como lógico que estés mal, que te amargue la vida. Pero también si consigues establecer que existe ese oye Siri, oye Nacho, obviamente más que oye Nacho, mira, ha saltado Siri por aquí. ¿Te refieres al despacho Nacho? Al despacho Nacho. No hago nada entonces. No hagas nada, no hagas nada. Saltó Siri. Entonces, si consigues que con la meditación, es lo que sucede, ese espacio para poder darte cuenta de cuándo tu mente está hablando sola sin habérselo pedido y decir, espera, espera, espera, espera, espera, oye mente, te escucho, cuéntame qué me quieres decir. Y entonces le escuchas y le dices, oye mente, gracias, ahora no quiero pensar en eso, o ese escenario ahora no tiene sentido, vamos a hacer esta otra cosa. Pues planteas ahí ya una barrera que para mí en este, en el día 2 de Vipassana, Fue como súper útil, lo utilicé los 11 días. Era como, ostras, sí, me está dando una paliza aquí mi mente, voy a hacerle caso. Y creo que el hecho de que cuando hablas con tu mente, cuando empiezas a verla como si fuera una entidad aparte, ya no lo proyectas en otros. Porque yo lo veía en este día de Vipassana y decía, claro, cuando yo no hablo con mi mente, mi mente dice, este cabrón no me está haciendo ni caso, así que lo que voy a hacer es, como puedo, pues me voy a proyectar en su mujer y ahora su mujer va a ser la que se lo diga. Y entonces mi mujer me devuelve, es lo típico que hablábamos del trabajo en espejo, de cómo son espejo las personas para ti, pues mi mujer hace lo que yo me tengo que enterar porque no me he enterado que mi mente me está diciendo. Entonces, al final es como si tú haces caso a tu mente, no la vas a proyectar en otros, no la vas a proyectar en otras situaciones, no va a tener que proyectarse en la vida para que lo veas. Entonces, habla contigo. Mi lección es como, primero, instala esto en tu rutina, el decir, oye mente, ¿cómo nos sentimos hoy? Y tu mente te dice, hostia, pues hoy me siento mal, hoy siento esto, hoy siento lo otro. ¡Qué genial! Oye mente, ¿y qué crees que ha hecho que nos sintamos así? Y tu mente te dice, pues mira, yo creo que esto, esto, esto. Es tu asistente. Es tu asistente y tiene todos los datos, porque recopila datos que ni te imaginas cuántos. Una puñetera barbaridad, de los que tú no puedes ser consciente, pero los capta. Todo lo que sucede, la publicidad, lo que te dice una persona, lo que pasa en el fondo de alguien, de que escuchas a alguien por ahí, todo lo capta tu mente. Entonces, es muy valioso. Para mí fue un bálsamo increíble hacer esto. La verdad fue como, o sea, me quité un peso encima grande. Y además había momentos, que luego lo hablaremos, donde lo usaba. Decía, pues voy a hablar con mi mente, ¿no? Qué bonito poder hablar contigo. No puedes hablar con nadie, pero puedes hablar contigo en tu mente. Día 3. El día 3 fue interesante. Día 1 y día 2 los llevé bien. Yo me sentía fuerte, me sentía bien. Empecé a, ya no sentía las hemorroides del segundo día. El estrés se había ido. La alimentación es vegetariana, súper buena, se come súper bien allí, la verdad. Lo hice en Dhamma Neru, en Barcelona. Los dos que he hecho, los he hecho allí. En Vipassana, como lo enseña Goenka. Increíble lo que hizo este hombre. Y mis agradecimientos a todos los que están involucrados, porque es increíble cómo te cuidan allí. Y bueno, el día 3 llegó. Día 1 y día 2 súper bien, con mis aprendizajes, ya se iban acumulando. Yo iba andando, descansando, y decía, OK, en la frente, y decía, Día 1, cada día 1 sin más. Y lo tenía ahí. En la boca, que fue donde puse el de oye mente, pues aquí veía oye mente, como un bocadillo ahí, oye mente. Y ya pues iba cada vez que iba andando, iba repasando. Día 1 sin más, oye mente, la boca. Y llegamos al día 3. Y en el día 3, pues claro, se empiezan a complicar las cosas también. Van pasando los días, llevas más tiempo sin tener contacto con con el exterior, y empiezas a sentir más las ganas, que yo era lo que no quería tener, de salir. Y entonces a mí me venían las ganas de salir y de, hostia, me estoy aburriendo, o se me está haciendo largo esto. Y ahí recuerdo que era caminando, caminas despacio por fuera, no puedes hacer deporte, no puedes hacer yoga, burpees, no, nada. No puedes hacer nada, solo andar, y lo más lento que puedas, mejor. Y de hecho te llaman la atención si haces cosas que no debes hacer, te lo dicen: Oye, no hagas esto, que es mejor tal. Y aquí en este se me vino como: Ostras, soy como un monje. O sea, has decidido 10 días ser un monje, vivir de la caridad, porque no pagas nada al entrar en el retiro vipassana, das una donación al final al salir, y estás viviendo de la caridad de otros. No tienes dinero, no tienes posesiones, tienes tu cepillo de dientes, tu jabón y tu... Ya está. Pero la cama no, porque no es tuya, sábanas, que las traes, una, pero no tienes nada, no tienes nada. Y entonces dije, la lección del día 3 es la renuncia, porque empezaba a sentir cosas y como te decía antes, lo que quería era tener como un sistema operativo. Y entonces decía, vale, ya no me está sirviendo lo de día 1 sin más, porque es como, vale, ahora estoy paseando, estoy paseando y me están viniendo un montón de pensamientos y me estoy agobiando un montón. Le estoy diciendo a mi mente que no, pero me vienen, ¿sabes? Y entonces tengo esta sensación. Entonces decía, OK, vamos a analizar esto. Y decía, yo he renunciado. Nada más entrar decían, Nacho, has renunciado. Has renunciado a tus posesiones, has renunciado a tu familia, porque no están aquí contigo, están fuera, has renunciado a estar con ellos durante estos 10 días. Y tenemos que renunciar al pasado. Decía, mira, primero vamos a renunciar al pasado. Porque del pasado hay dolor en el pasado, que lo puedes experimentar ahora si te pones a pensarlo. También hay placer en el pasado, que te puedes poner a experimentarlo, pero te va a generar apego. Y entonces decía, mira, renuncio al dolor del pasado, porque empezaba a pensar, es que fíjate lo que me hizo esta persona, porque claro, mira lo que me pasó cuando era pequeño, y claro, fíjate esto de aquí. Y yo decía, no. Este retiro no va de eso. Sé que hay momentos donde hacemos terapia, donde analizamos nuestro pasado, donde lo sentimos para liberarlo, pero decía, pero no es este momento. Aquí las instrucciones son otras. Aquí es sentir las sensaciones del cuerpo y recibirlo con ecuanimidad. Entonces, si de repente me viene algo del pasado, genial, no voy a tener aversión a ello, ni miedo, ni nada. Es como, lo dejaré que se vaya. Pero ahora esto que estoy sintiendo del pasado es mi mente. Y entonces decía, si mi mente está sacando esto del pasado, le puedo decir que deje de sacarlo, porque no está saliendo espontáneamente, no estoy sintiéndolo, ¿sabes? Es como era una preocupación de esta que te pones a pensar, y tú diferencias muy bien, o yo por lo menos ya lo hago, si es algo que te estás construyendo tú o si es algo que necesita salir. Porque cuando era algo que necesitaba salir, salía en la meditación, no salía después paseando. Entonces decía, renuncio a eso, renuncio al dolor del pasado, al placer del pasado, porque el placer del pasado ya no está. Y recordarlo y sentirme con placer por el pasado, en plan, imagínate, joder, todo lo que he conseguido, mira que he sido valiente, cómo he logrado esto y lo otro y tal, qué bien, ¿sabes? Como de puta madre, soy súper macho, ¿no? Pues era no, no, porque no es real eso, ya no es real, eso ya pasó. Eres de puta madre porque lo eres, simplemente, ¿sabes? No tienes que buscar en el pasado el porqué. Y decía: al futuro, lo mismo. Renuncio al dolor del futuro, a esas cosas que mi mente me va a empezar a decir de: ¿y si pasa esto? ¿Y si cuando salgas tu mujer se quiere divorciar porque se ha dado cuenta que sin estar contigo está mejor? ¿Qué si tal? ¿Qué si cual? ¿Y si la empresa? ¿Y si no sé quién? ¿Y si...? Todos los y si del mundo, buscando el dolor en el futuro. Y decía: no es real, no es real porque no ha sucedido. De hecho, ni siquiera estoy teniendo que me estén llamando diciendo: Oye, Nacho, mira, es que ha pasado esto. Vale, ahí ya la situación es un poco más real, pero no era el caso. Entonces dije: Renuncio al dolor del futuro y renuncio al placer del futuro. Y este, hace unos años ni me lo hubiera pensado, pero ahora lo veo tan claro. Hay que renunciar al placer del futuro, porque si yo empezaba a decir: Ay, qué bien, verás cuando salga, ¡Qué guay encontrarme con mi mujer de nuevo, con mi hijo, estar en mi casita, poner Netflix, ver una serie, una cervecita fría!

Yo qué sé.

Pero todo eso es como estoy creando apego. No significa que cuando salga, cuando saliera, por supuesto que lo voy a experimentar y voy a experimentar ese placer en el presente, en ese momento cuando salga. Pero no quería castigarme, porque parece que no es un castigo, porque te hace sentir bien pensar: ¡Ay, qué bien! ¡Qué bien verás cuando salgas! Pero en verdad te está generando deseo y te está haciendo que estés deseando salir y te escapes del presente y te crea ansiedad y te haces adicto a desear, te haces adicto a desear. ¿Y sabes lo malo? Que experimentas ese deseo, esa sensación del deseo de ese futuro durante todo el tiempo hasta que llega el futuro. Y cuando llega el futuro, te tomas la cerveza, miras la serie de Netflix y dices: pues tampoco era para tanto. Comparado con estar todos los días deseando. Y te das cuenta, si consigues darte cuenta, de que eres adicto al deseo, que lo que querías era desear mientras no llegaba. No querías que llegara. De hecho, si no llega, si llega más tarde, mejor, sigues deseando. Pero te estás haciendo daño, te haces daño. Ese deseo te crea ansiedad, te crea un apego súper grande. Así que yo dije: renuncio a eso, renuncio a eso, quiero estar en el presente. Quiero estar en el presente. Y cuando llegaba al presente, era como renuncio al pasado, renuncio al futuro, renuncio al presente. Y decía: en el presente no renuncio al presente, me quiero abandonar en el presente, pero renuncio a la ilusión del presente. Decía: ¿qué es ilusorio ahora mismo aquí en el presente? Y decía: pues es ilusorio las situaciones que me estoy montando en mi cabeza de cosas posibles que podrían suceder, no existen. Es ilusorio el dolor de llevar aquí X días, No existe, porque llevo aquí varios días, pero da igual. Ahora, en el presente, no existe eso. No existe. Y me preguntaba, decía: ¿Es esto real? ¿Qué es real ahora mismo? Y decía: Pues es real que estoy respirando, es real que tengo un cuerpo, es real el suelo por el que estoy andando, son reales las flores, los pájaros. Es real que ahora mismo estoy andando, ni siquiera que vaya a meditar dentro de 20 minutos. Eso no es real todavía. Y renunciaba a eso. Y lo último que renunciaba también era la ignorancia, porque es difícil también. Esta última es jodida en la renuncia, que era: mira, renuncio a la ignorancia, porque podría ser ignorante en el presente y no darme cuenta de lo que siento. Y puede que en el presente, que me pasó muchas veces, sienta dolor, porque meditando, por ejemplo, lo sientes, sientes dolor. Las hemorroides, no se siente ese dolor. Entonces decía: no, renuncio a la ignorancia, quiero sentir. Quiero estar atento a mis sensaciones, quiero sentir lo que sale de mi mente, sentirlo y tener ecuanimidad y decir, OK, está bien, si es dolor, es dolor, si es placer, es placer, está perfecto, lo voy a experimentar así. Es como con ecuanimidad diciendo, vale, sí, es dolor, pero es exactamente igual que el placer, simplemente son sensaciones que yo catalogo o juzgo de que sean buenas o malas, pero no son ni buenas ni malas. Así que renunciaba a la ignorancia. Y con todo ese discurso que te he dado ahora sobre el día 3 de la renuncia, que lo puse en los hombros, renuncia del pasado, renuncia del futuro y renuncia de la ilusión y demás, en la parte de los hombros todo, pues iba interiorizándolo diciendo, ok, ¿es esto real? ¿Es real esto que estoy viviendo ahora? Y a la vez, pues de vez en cuando me saltaba al otro y decía, obviamente Cuéntame esto, ta ta ta, obviamente, ¿qué hacemos con tal cual? Y también iba diciendo día 1 sin más, día 1 sin más, meditación 1 sin más, así andando, aprendiendo, haciendo todas las cosas. El día 4 pasó una cosa muy curiosa, y va un poco como en el día 4 se hace el cambio a vipassana, pasas de hacer anapana, que es lo de la nariz, a empezar a practicar vipassana. Y yo estaba deseando, la verdad, que cambiara, reteniéndolo, porque iba diciéndome: día 1 sin más, ahora es Anapana, es Anapana, no pienses en lo siguiente. Pero evidentemente se pasaba por mi cabeza el decir: oye, cuando llegue Vipassana será mejor. Y yo decía: vamos a hablar de la renuncia, Nacho. Y me recordaba lo que había aprendido. Entonces llegó el día 4, empezamos con Vipassana, y me salió una de las cosas que más no sé, que más candente estaba. Antes de entrar a Vipassana, Sara y yo habíamos discutido y estábamos ahí, pues bueno, estas cosas de pareja que suceden, ¿no? Y que además son mágicas, porque justo el proceso de Vipassana o de cualquier cosa que haces, no lo empiezas a vivir el día que entras, lo empiezas a vivir un mes antes, tranquilamente. El día que te apuntas o consigues plaza es el día que empieza tu retiro. Y entonces habíamos tenido una discusión y bueno, estábamos ahí un poquito... Cabreados. Y entonces, en este día, mi mente empezó a decirme, oye, ¿y si ahora sales y Sara se quiere divorciar de ti? Y yo decía, pero ¿y por qué pienso esto? Si yo no dudo de que ella no se quiere divorciar de mí, yo no me quiero divorciar de ella, es simplemente una discusión, no pasa nada, es normal. Y de repente me empezaron a salir cosas y me empezó a salir y vi como súper claro, porque empiezas a asociar cosas, que cuando yo era pequeño, mi padre estuvo en la cárcel, que estuvo unos años, en total como casi 6 o 7 años, y entró, salió, entró, salió, y yo había estado sin mi padre de pequeño. Independientemente de los años que sean, porque no lo tengo ni claro, pero igual 3 años por un lado, luego salió, luego otros 2, una cosa un poco rara. Y cuando por fin estaba en casa, O de los recuerdos que tengo yo, pues les recuerdo discutiendo con mi madre. Y recuerdo a mi madre amenazando, o a lo mejor era él, como diciendo, pues mañana voy a Plaza Castilla, que es donde se hacían las separaciones o los divorcios. Y yo lo oía y sabía lo que era, ¿no? Y entonces me acojonaba, me daba un miedo increíble por las consecuencias que tendría que se separaran. Porque yo decía, mi padre no sé qué va a hacer con su vida, ¿sabes? Si se separa, no sé qué haría sin mi madre. Mi madre No sé qué haría sin mi padre. Y yo, ¿qué cojones hago yo? Es como, a mí, que soy el mayor de los 3, de los 2, que ahí éramos 2, yo y mi hermana, esto no mola nada. Y me agobiaba y lloraba, me iba a la cama e intentaba convencer a mi padre, a mi madre, esto a lo mejor con 7 años. Intentaba convencerles de que se reconciliaran y todo esto. Entonces, claro, tenía un miedo increíble a la separación de mis padres. Y ahora pensándolo, en general, al separar, Separarte de alguien, aunque sea una amistad, también estará ahí ese miedo. Pero sobre todo a la separación lo tenía. Y entonces me di cuenta de que en mi relación, en mi matrimonio ahora mismo, tenía miedo a la separación. Y entonces es como tú puedes hacer las cosas por miedo, intentando proteger que no pase algo, ¿no? Y haces cosas y eres más amoroso, yo qué sé, lo que sea, mil cosas. Vivir tu vida con el miedo, por ejemplo, que también me pasa, a no tener dinero. Y es como, hostia, yo dirigía la empresa con miedo a que se quedara sin dinero. Y al final provocas eso, porque lo atraes. Entonces, llegué ahí como de repente que empecé a hablar con mi mente, bueno, ¿y qué pasa si Sara me prepara las maletas? ¿Y Diego? Y están así. Y empecé a verlo todo, es como fui hasta el abogado. Vale, ¿y qué pasa? Pasa esto, lo otro, tal. Nosotros tenemos un hijo, nos amamos, yo estaría ahí para ella siempre, ella seguro que estaría para mí, la conozco. No sé, empecé a ver todo lo positivo, lo negativo, tal, y hice como un— lo arreglé en mi mente gracias a mi asistente, a Oye Mente. Lo vi clarísimo y dije: OK, pues ya no tengo miedo. Esa fue la reflexión de repente, fue como: Ya no tengo miedo, no tengo miedo a eso, no tengo miedo. A que me quede sin dinero en la empresa, a que vaya mal. Dije: ya no tengo miedo. Puede pasar, sí, puede pasar, y pasarán muchas cosas en la vida, pero improvisaré. Y mi frase del día 4 era: ya no tengo miedo, ahora improviso. Y dije: bueno, si pasa eso, hasta que no pase no lo voy a saber. Entonces, yo he renunciado, así que renuncio a estos pensamientos, renuncio a estos escenarios. Yo sé que amo a mi mujer, que quiero estar con ella, Y que cuando salga, la voy a dar un abrazo, voy a estar ahí pegado a ella, voy a amarla. Y no tengo miedo a la separación, no tengo miedo. Y no tengo miedo a que se fuera a la mierda la empresa, que ya me ha pasado más veces. Ya no tengo miedo, ahora improviso. Cuando llegue el día, cuando llegue el momento, en ese momento presente, voy a poder hacerlo, voy a tener los recursos, voy a saber qué hacer. Y va a ser lo mejor para mí y para los demás. Y fue como un alivio de, qué interesante, por decir, joder, que puedes tener un matrimonio feliz o un negocio feliz enfocado en que funcione, no enfocado en tener miedo a que no funcione. Es como súper agobiante vivir las cosas con miedo. Decir, no, es que tengo miedo hasta a separarme, entonces eso me hace... No, es como, no tengas miedo, ¿te separas? Pues te separas. ¿Se va el negocio a la mierda? Pues se va a la mierda. Lo piensas y en un vipassana lo ves muy claro, y ves a todo a lo que renuncias y dices, joder, es que en el presente lo tengo todo. Es que aunque de repente no tuviera dinero, tengo amigos, tengo familia, tengo clientes pasados, tengo personas a las que he ayudado. Improvisaría, algo me inventaría, no me va a faltar de nada, ni a mí ni a mi familia. Y en la separación lo mismo, ¿sabes? Es como, pues bueno, sería esa situación, nuestra relación sería diferente, pero yo seguiría dándole amor, seguiría dando amor a mi hijo, seguiría buscando la mejor manera para los dos. Ya está, cambiaría la situación de vida, el amor estaría ahí. Y entonces es como quitándote esa presión que es mental, ¿sabes? Es como una— es mental. Es como que estamos pasando por un cable de estos de un edificio a otro, un cable súper pequeñito, Y nosotros estamos ahí acojonados, sin saber ni siquiera pasar, acojonados porque nos caigamos. Y en verdad, el edificio está a 10 centímetros del suelo. ¿Sabes? Es como si te caes, no te vas ni a torcer un tobillo. Pero tú te crees que estás a 100 metros de altura y que si te caes va a ser desastroso y te vas a matar y es horrible. Y en verdad, cuando lo piensas con la realidad y dices, estás a 10 centímetros del suelo, ni un tobillo te vas a torcer. Entonces, claro, no es lo mismo andar por el cable pensando que está a 100 metros y que te matas si te caes, que andar por el cable sabiendo que está a 10 centímetros, que lo disfrutes, que está ahí para que pases, te lo pases bien, sea un reto, pero a la vez te lo pases guay. Es como, yo prefiero vivir mi vida así, yo elijo vivir mi vida así. Y además, yo veía también que si vieras como un círculo, imagínate un círculo, donde está el miedo, ¿no? En ese círculo eres tú, ¿vale? Un círculo entero así vacío y eres tú. Y el miedo empieza a estar dentro tuyo. Imagínate que son puntitos o bolitas de miedo, y primero tienes el miedo dentro, ¿no? Tienes todo tu miedo, se empieza a hacer más, más, te preocupas más, te rayas más, tienes más apego a que las cosas no cambien, a que las cosas sean como quieres que sean, ¿sabes? Te apegas un montón y empiezan a crecer esos puntitos. Hasta que llega un momento que ese círculo se desborda. Y cuando el círculo del miedo se desborda, está tan lleno, tan lleno, que empieza a salir fuera. Para mí, en mi experiencia, lo que ha pasado es que sale en forma de ataque. Porque digo, tengo tanto miedo que ya no me cabe en el cuerpo, que ahora lo que tengo que hacer es repartirlo. ¿Y lo reparto cómo? Atacando. ¿Y qué provocas atacando? Pues atacas a tu pareja, atacas tu negocio, para que, como yo lo veía, y lo veía súper claro en Vipassana en este día, Era como, es que ya digo, mira, si tengo miedo a la separación, pues a tomar por culo, hago yo cosas para separarme, para demostrarme que no tengo miedo. Y es súper absurdo, porque es como, vale, haces cosas para separarte, te separas y demuestras que no tienes miedo porque te has separado, pero realmente lo has hecho porque tenías miedo en primer lugar. La empresa igual, es como, pues ahora me lo cargo todo, o yo qué sé, o pues no sé, como que atacas, es como el miedo se convierte en ataque hacia el otro, hacia la empresa, pues ahora me la cargo yo, Y así demuestro que no tenía miedo a que se fuera a la mierda. Y lo he hecho muchas veces. Entonces, es como: Ostras, qué bonito si puedo no tener miedo y no llenar ese círculo, no llenar mi cuerpo de miedo, no hacer que desborde y que se convierta en ataque. Y entonces, mi día 4 fue así de interesante y fue muy chulo. La verdad que fue chulo ver esto, doloroso, porque fue uno de estos días que sí que emocionalmente lo pasas mal, Pero bueno, me apoyaba en todo. Y el 4 lo tenía puesto aquí, justo en el pecho arriba, me lo puse como tatuado casi, y puse ahí: Ya no tengo miedo, ahora improviso. Porque sé que improvisando en el presente, cuando sucedan las cosas, voy a ser capaz perfectamente de solucionarlas. Y iba repasando igual: la renuncia en los hombros, óyeme en la boca, día 1 sin más en mi frente. Y lo iba utilizando un montón durante todos los días. Y llegó el día 5. 4 días ya habíamos empezado con la técnica Vipassana, llevábamos, son 10 horas y media, pues 40 horas de meditación en 4 días. Y dormí súper bien por las noches, tuve un par de sueños lúcidos muy potentes, que me acojoné, porque fueron como demasiado lúcidos los sueños, casi como viajes astrales. Y fueron alrededor de estos días, creo. Y llegó el día 5. El día 5 lo recuerdo también muy bueno, muy bonito. Fue el último de la racha esta, como de 5 días súper controlados, súper centrados. Luego ya empezó a cambiar. Pero en este, de repente me vi que cuando hacíamos los descansos, yo al principio andaba mucho, estaba andando y andaba, miraba las hormigas, miraba el cielo. Además, flipaba porque cuando fui al primer vipassana, veía el jardín y veía todo y decía: Qué mierda, qué feo es todo, qué sitio más malo, no sé qué. Y era porque yo lo estaba pasando de culo, entonces veía lo mismo, mi sensación interna la veía fuera. Y esta vez era como: ¡Hala, qué bonito es esto! Fíjate las hormigas, mira estos pájaros. Oye, qué guay el sonido. Oye, el sitio qué bonito. Parecía que estaba en un sitio diferente y era el mismo. Y entonces estuve los días anteriores, los 4 primeros días, paseando bastante por allí. Y el quinto, de repente, como que sentí la necesidad de irme a mi litera. Yo estaba durmiendo en la litera de abajo, entonces como si estuvieras ahí como una minicueva. Me puse una manta en un lado para estar como más en privado. Y me encontré de repente yendo mucho ahí, no queriendo andar y yendo a la litera y mirando el techo. Y de repente dije: Joder, qué bien estoy. Era como estaba hablando con mi mente: Oye, mente, esto. Oye, mente, lo otro. Además, cosas absurdas, porque a veces le decía: Oye, mente, ¿quién es la persona más divertida que has conocido? Y me lo decía: Ah, mira, esta. Hostia, es verdad, acuérdate. Oye, mente, ¿a qué sitio te gustaría volver de viaje? Y me decía: Pues este. Ah, coño, es verdad, fíjate qué bien lo pasamos. Una conversación como un amigo, ¿no? Y qué bonito poder conversar como un amigo contigo mismo. Y entonces, de repente, me vino la palabra y me vino reencuentro. Me vino lo precioso que era haberme reencontrado con mi mente, dejar de pensar que era un enemigo, que no sé qué, aceptarla, aceptar que a veces es una hija de puta, igual que yo, yo también lo soy a veces. Y no pasa nada, la vida pues la ha hecho así, ha visto unas cosas, está programada de una manera, me intenta ayudar y a veces pues sí. Pues es una hija de puta. Y yo a veces soy un hijo de puta también. Y la acepto y la amo como era. Y era como un reencuentro de decir, joder, estoy a gusto contigo. Estoy a gusto contigo, puedo estar a solas contigo. Qué guay. Es como esta relación con mi mente, arreglarla para mí significó como separarme también yo de mi mente. De decir, yo soy mi mente. No, yo soy yo y mi mente. Que es parte de mí también, yo soy parte también de ella, pero es otra cosa, no puedo identificarme con ella. Y luego sentí mi cuerpo también, y de repente sentía como las sensaciones del cuerpo, que es en lo que trabajas en Vipassana, en sentir todas las sensaciones por todo tu cuerpo. Y decía, hostia, que me siento súper a gusto con mi cuerpo. Me miro al espejo, ¿sabes? Y no es que me vea guapo, me vea feo, no, es que me siento a gusto siendo yo. Y hacía tiempo que no lo había sentido, y me venían memorias de la infancia. De cuando era pequeño, y seguro que te ha pasado a ti también, que te sales de casa, igual eran las 2 de la tarde, que todavía no había amiguitos que salieran, y sales tú y te quedas ahí en un árbol sentado, y estás ahí pensando, hablando contigo, dando un paseo, descubriendo cosas, mirando una hormiga, yo qué sé, estás ahí contigo. Y yo se me venía un árbol en el que me subía al lado de mi casa, y me quedaba arriba del árbol sentado, simplemente mirando los coches pasar, Me sentía ahí seguro y estaba conmigo, ¿no? Y de repente dije, qué bonito reencontrarte con eso, ¿no? Con tu ser, con tu cuerpo, con tu mente. Y a mí además se me venía que en este, en esta crisis existencial que he vivido en los últimos años, he tirado de conectar con mi alma, ¿no? De conectar con mi ser más profundo. Y me sirvió porque, claro, había desconectado de él durante mucho tiempo, pero ahora que ya había conectado con esa parte, ahora que que la puedo habitar, no, decía, joder, ahora toca conectar con mi mente, conectar con mi cuerpo, conectar con mi ego también y estar a gusto con ellos. Es como lo sentí, como si se cerrara un círculo, que hasta ahora había dicho, oye, quiero estar en el ser, no, y lo otro no, lo otro no, no quiero la mente, no quiero no sé qué, vale, no quiero decidir desde la mente, vale, no quiero vivir en el ego. Pero no es que no lo quieras, sabes. Yo lo tengo, sabes, y lo voy a tener siempre. Y está bien que sean mis amigos, que sea parte de mí, no, que me reencuentre con esas partes. Y fue precioso porque me pasé mucho, muchas horas de ese día, las que tenía libres, tumbado en la cama mirando arriba al techo y hablando con mi mente, sintiendo mi cuerpo, sintiendo mi ser, y simplemente estando. Y fue como Porque es que si no puedes simplemente estar contigo, estás jodido. Yo lo he estado jodido. Y entonces era como, joder, y sin música, sin nada, ¿sabes? Era como sin distracciones, solo contigo. Fue precioso. Fue un día de estos de, ¿me puedo ir ya? ¿Sabes? Lo pensaba, de hecho. Ahí veía, que esto es una excusa, no te puedes ir ya. No quieres irte ya. Pero lo pensaba, decía, es que ya solo con esto, ¿sabes? Con lo que estoy sintiendo ahora, ya me puedo ir a casa, ¿sabes? Es como, ya ha merecido la pena. Y nada, me acosté el día 5, me levanté el día 6, y el día 6 fue un día difícilillo, fue un día difícil. Mi baremo de medir los días era como del 0 al 10, siendo el 10 día 1 sin más, cómo estoy, ¿no? Cómo lo llevo. Y en el día 6 pues era un 7, un 6, una cosa así, ¿no? Sí que pensaba en que acabara ya, Pensaba en, oye, ya llevo 5 días. De hecho, fue como al día 5 era como, venga, uno más, uno más, uno más. Y cuando pasamos al 6 es como que dices, joder, ya es el 6, que estamos ya más cerca del 10. Pero decía, ya, pero quedan 5 días, porque queda el 6, el 7, el 8, el 9 y el 10. Y decía como, me están tangando, me están engañando. O sea, estamos a día 6 y quedan 5. Esto, ¿quién coño ha hecho las cuentas? Y entonces me empecé a— me costó un montón las meditaciones y todo, ¿no? Y entonces el aprendizaje se me vino que se lo digo mucho a Oliver, creo que nace de algo que he escuchado también en Vipassana. Y era como, oye, mente, ¿puedo hacer mi mejor esfuerzo 5 minutos más? Porque decía, mira, nadie te ha dicho que tengas que estar aquí los 10 días con un 10 en lo de cada día es día 1, ¿sabes? Nadie te ha dicho eso. Nadie te exige que sea perfecto, que medites la hora entera o las 2 horas o tal en la postura de no sé qué. No, nadie te ha pedido que hagas nada de ninguna manera. Solo se te está diciendo, oye, meditación en la sala de grupo o en tu cama de tal hora a tal hora. Si estás muy cansado, te levantas y andas 5 minutos. Si no sé qué, eso es lo único que se te está diciendo. El resto te lo estás poniendo tú de presión. Y entonces yo decía, ok, estaba ahí meditando y decía, vale, ahora mismo estoy hasta los huevos, y me levantaría. Y me iría a casa. Y digo, vale, pero no pienses en todo eso. ¿Puedes hacer tu mejor esfuerzo 5 minutos más? Y decía, vale, ¿cuál es mi mejor esfuerzo? Mira, mi mejor esfuerzo es que necesito cambiar de postura. Vale, cambia de postura. Y esperamos 5 minutos. 5 minutos. Y a los 5 minutos, que normalmente se te pasan mucho más, pero te preguntas de nuevo, oye, yo no sé si puedo ya, madre mía, tal cual. Nacho, tu mejor esfuerzo, ¿lo puedes dar 5 minutos más? Sea el que sea. Yo decía: Mira, si mi mejor esfuerzo es tirarme al suelo y decir: Mira, me rindo, me lleváis vosotros a la meditación, pues ese es tu mejor esfuerzo. Ya está, lo haces, está bien. Si tu mejor esfuerzo es ir a ver al profesor o decir: Oye, es que no aguanto más, pues haz eso. No pasa nada, está perfecto. Y empecé con eso, con eso, con eso, pues pasé todo el día. Era como cada cosa que eso decía: Bueno, Nacho, ya está. Renuncia, acuérdate, hemos renunciado al futuro, al apego, a todo esto. Perfecto, tal, OK, guay. ¿Cuál es tu mejor esfuerzo ahora mismo? Mira, mi mejor esfuerzo es esto. Perfecto, hazlo 5 minutos más. Y 5 minutos a 5 minutos pasé el día. Te diría que cuando empecé el día, del 1 al 10, en mi sensación de que fuera un día 1 sin más y vivirlo como yo quería vivirlo, pues se quedó en un 7, a lo mejor. No fue un 10 como los 5 primeros, más o menos. Pero para mí era como: Guay, porque es tu mejor esfuerzo. No pasa nada porque sea un 7 hoy. Está bien, un 6, un 7, está genial. Has hecho tu mejor esfuerzo. Y me acosté feliz con eso, como diciendo: Ya está, he hecho mi mejor esfuerzo. Está perfecto. Gracias por el aprendizaje. Y el día 7 fue un día que empezó como mal, porque empecé a— No sé, también ya van siendo más días, son muchas horas. De salud estaba mucho mejor, porque ya ni hemorroides, ni la garganta, a lo mejor un poco sí, pero bueno, como que estaba muchísimo mejor. Y en el día 7, las primeras meditaciones, según me levanté, me costó bastante, la verdad. Tipo al día 6, yo estaba ahí con mi mejor esfuerzo, no sé qué, venga, 5 minutos más, mi mejor esfuerzo, tal. Y con la renuncia, y trabajando un poco con todo. Y de repente, sentí y dije: Porque estaba pensando en irme, como, bueno, ya he vivido esto, pues me puedo ir. Y yo decía, me vino una frase de Ram Dass, que la dice en inglés, que dice, there is nowhere to go, no hay ningún sitio al que ir. Y dije, hostia puta, que no hay ningún sitio al que ir. Que si me voy, porque estaba pensando, vale, estoy en la sala de meditación grupal, me voy a ir a andar. Y me iba a andar. Y me seguía sintiendo igual. Y se me seguía haciendo arriba. Vale, me voy a ir a la cama. Y en la cama a meditar. Y pasaba lo mismo. Y de repente me vino como, No hay ningún sitio al que ir, porque vayas a donde vayas, ese ser que eres tú, eterno, está siempre. Y tu ego, incluso ahora, de momento, hasta que te mueras, está siempre. No puedes escaparte. Tú vas con tu cuerpo, vas con tu mente, va tu ego, va tu ser. No puedes escaparte, no hay ningún sitio al que ir. Era como, no hay ningún sitio al que ir ahora mismo, toca meditar. Y solo puedes rendirte. Y si te estás aburriendo, rendirte al aburrimiento. Si te está doliendo, rendirte al dolor. No hay ningún sitio al que ir. Era como, a mí me daba la risa y todo. Este es uno de los aprendizajes que sé que es difícil verlo, pero era como, imagínate, para el tiempo. Pues yo en el Vipassana 1 en el que fui la primera vez, andaba rápido, contaba los días, intentaba como que el tiempo pasara rápido y pasaba más lento todavía. Y aquí, cuanto más lento andaba, cuanto más me centraba en el presente, más rápido pasaba el tiempo, porque era como que desaparecía. Y me pasaba meditando una hora a veces y era como, hostia, parecen 5 minutos. Y otra vez la hora parecían 10 años. Entonces era como rendirte a la idea de que no hay ningún sitio al que ir. Es muy jodida esta idea de entender o de ver, no, pero es como, mira, no hay ningún sitio al que ir, no hay nada que conseguir, no hay nada que ser, no tienes que ser nada. Es que no hay ninguna pregunta que contestar. Y claro, desde esa presencia, desde esa profundidad, te rindes y es una sensación de éxtasis, pero muy diferente, ¿sabes? No es un éxtasis de felicidad, no, es una sensación de, Dios, que no puedo no existir, ¿sabes? Es como, y lo único que puedo hacer es existir y no puedo evitarlo. Y es como, olvídate, que te vayas del Vipassana y estés en tu casa, si tú vas a seguir estando con estos patrones, con estos programas, con estas sensaciones, eso va a estar ahí contigo siempre. Y es como darte cuenta de cómo lo único eterno eres tú y te lo llevas a todos los sitios. Entonces, ¿para qué te vas a ir? Lo que necesitas es aceptar con ecuanimidad lo que estés viviendo, ya sea aburrimiento, ya sea dolor, ya sea alegría, ya sea placer. Pero es como vivirlo, porque es lo único que existe. Solo existe el presente, y es algo como, es que solo existe el presente, y solo existe para ti, porque eres tú el que lo estás viviendo. Y entonces fue un día muy bonito, porque me permitió usar esta rendición muchas veces, y era con una frase que, eso, no hay ningún sitio al que ir. Y era como, hostias, que es verdad, ¿sabes? No hay ningún sitio al que ir, no tengo que tener prisa, no puedo escaparme de mí, ¿sabes? Es imposible que te escapes de ti, ni siquiera durmiendo. Ni siquiera drogándote, porque sueñas, te viene después, pero no te puedes escapar de ti mismo. Es que no puedes. Entonces, no hay ningún sitio al que ir. Solo puedes rendirte. Y desde esa rendición se va. Porque yo me rendía al aburrimiento, y de repente, en esa rendición al aburrimiento, pasaban los minutos súper rápido, y se terminaba, y ya está. Y decía, ya está, ahora no hay ningún sitio al que ir. ¿Qué toca comer? Pues vamos a comer. ¿Qué toca? No sé qué. Pues venga, vamos a eso. Pero nada, yo lo pensaba además con el tema de irme, que yo decía, cuando me intentaba convencer a mí mismo con: Mira, ya has experimentado unos cuantos días, lo has hecho de puta madre, tal, pues ya nos podemos ir. Y yo decía: Ya, pero es que me lo estás diciendo tú, mi mente, que me vaya, pero no me lo está diciendo nada de la vida. Yo decía: Mira, si me llama Sara y me dice: Oye, que es que ha pasado no sé qué, Vente, pues me voy, o lo pienso, no sé si me iría, pero depende de lo que fuera. Pues vale, que me llaman y me dicen, oye, que es que se ha muerto no sé quién. Perfecto, ya tendría un input de la vida que me dice, oye, Nacho, que ahora puede tocar otra cosa diferente, no el Vipassana. Y entonces decido. Pero si no me llama nadie, no hay nada, solo hay un gong que dice, vete a comer, o un gong que dice, despierta, o vamos a meditar, pues eso es a lo que voy a hacer caso. Y es como, no hay ningún sitio al que ir, Voy haciendo lo que la vida me propone y yo siento que tengo que hacer, pero no voy yo proponiendo, ¿sabes? En plan, venga, pues ahora esto, ahora lo otro. No, es que no hay ningún sitio al que ir. Y llegamos al día 8, que ya nos va quedando menos. En el día 8, el aprendizaje fue de los más rápidos, porque me levanté ya con la sensación, porque me había pasado el día 5 y el día 6. El día 5 fue muy bueno, el día 6 regular, el día 7 muy bueno, y yo decía, el día 8 igual es regular, entras ahí en ese bucle. Y nada más levantarme, había habido una luna llena y estaba amaneciendo. Bueno, ya había pasado un par de horitas, pero bueno, en el amanecer, estaba amaneciendo y estaba mirando yo el amanecer. Un compañero por delante se puso como muy cerca de donde estaba yo y no veía el amanecer con él. Y en ese momento dije, coño, y también está la luna que se ve por el otro lado, que está súper bonita. Y dije, aunque me encantaría poder poseer este amanecer, dije, no puedes poseer este amanecer, ninguno, no lo puedes poseer. Es como lo puedes ver y experimentar en este momento, segundo a segundo, pero no lo puedes poseer. Y se me quedó esa frase, no, como no puedes poseer este amanecer, puedes hacerle una foto, pero no es el amanecer en sí, es una foto. No puedes poseerlo. Y decía, y no puedes poseer nada en la vida. Se me venía mi abuela, que me queda una abuela, mi yaya, viva, y decía, joder, que no puedo poseerla. Se irá en algún momento, cuando esté preparada, cuando toque. Y evidentemente me dará pena, pero no puedo poseerla. Es como, no puedo poseerlo, como nada en la naturaleza. No puedo poseerme a mí. Mi cuerpo está muriendo a cada segundo. Vamos camino a la muerte, a morir. Este cuerpo está desde que naces, vamos hacia abajo, sabes. Todo, todo cambia. Tus pensamientos, no te puedes apegar a ellos. Tu relación, no te puedes apegar a ello. Nada de lo que ves y lo que sientes en este mundo puedes apegarte a ello. Ni siquiera a tu ser, aunque lo sientas eterno, aunque lo seas, si es que lo es, que no, nadie lo sabe, no. Pero no te puedes apegar ni siquiera a eso. Porque hasta eso cambia, todo cambia. Entonces ese día fue como muy en el no reaccionar desde el apego, ¿sabes? De pensar en la ecuanimidad, ¿sabes? En decir, oye, ahora está pasando esto, perfecto, voy a vivirlo, voy a vivirlo, pero va a pasar, es así. Yo sé que intentamos muchas veces que cuando pasa algo bueno dices, uy, algo malo viene después. Bueno, no es que sea algo malo, pero algo diferente viene, algo diferente viene. Es como cuando pasa algo, desaparece. Todo surge para desaparecer. Con vipassana, en lo que es en la meditación, el foco más grande es eso. Es como tus sensaciones del cuerpo, dolorosas o placenteras, surgen y desaparecen. Nada es eterno. Y es como mirar la naturaleza desde un punto de vista en tu propio cuerpo, desde el marco del cuerpo, aprender cómo funciona La ley de la naturaleza, y todo surge para desaparecer. El tema es no desarrollar deseo por cosas y apegarte a ellas, ni aversión por otras. No desear que algo no suceda, ni desear que algo sí suceda. Es como, bueno, trabajas para ello, lo puedes planificar, está perfecto, pero no desde el deseo. Y no evitando las cosas, como hablábamos antes del miedo. Entonces, fue muy bonito porque lo veía, y era como, al final, el día 8 fue durillo también, Fue como el 6, que igual del 0 al 10 fue también un 7 o un 6, fue un día que me costó. Y yo iba utilizando todo mi sistema operativo, todas las lecciones de los días anteriores, y sobre todo era como eso, diciendo: Mira, no puedo poseer este amanecer. Ayer fue un día guay, fantástico, pero ya se pasó, ya fue ayer, no puedo agarrarlo. Es como: Pues hoy toca esto, pues perfecto. No hay más, me rindo. Y le decía, ¿y a dónde vamos? No hay ningún sitio al que ir. Y se pasó el día, el 8, y quedaban ya 3 días. El día 9, que fue un día también durillo, al final estos días en general, los últimos días suelen ser, fíjate que piensas que como queda poco estarás ya contento y no sé qué, pero yo además estaba trabajando en no estar contento porque quedará poco. Era como que quería experimentar el salir sin ese deseo, ¿sabes? Como saliendo porque toca salir y perfecto, bien. Pero no quería desear el salir corriendo. Y el día 9 experimenté mucho también. No fue tan duro como el 8, pero fue irregular también, ¿sabes? Y fue como una ampliación. Y la frase que se me vino, que se dice mucho en Vipassana, era: bueno, veamos cuánto dura. Te la repito, ahora te lo explico. Es como, bueno, veamos cuánto dura. Y era porque tenía un montón de dolores en la espalda en la meditación. Y entonces era como, el dolor es lo que más te enseña al final. O sea, porque al final en vipassana, y esto lo puedes extrapolar a tu vida perfectamente, lo que te dicen es, vas a experimentar sensaciones por todo tu cuerpo. Hay veces que no, hay como detalles pequeños, pero cuando experimentas una sensación en tu cuerpo, tienes que tener en cuenta que surge para desaparecer. Y a veces es en el momento, desaparece muy rápido, o a veces dura mucho más, días, aunque días no suele ser, pero bueno, las horas o minutos que estés ahí. Y entonces se trata de que no reacciones, de que cuando en la meditación sientes placer, sientes cosquilleo, un hormigueo por el pecho, lo que sea que es placentero, no te apegues a ello, porque entonces desarrollas deseo. Y es un deseo hacia una cosa que va a dejar de estar, porque surge para desaparecer. Entonces es como, ¿para qué vas a desear eso? No desees eso, míralo con ecuanimidad, vívelo, está bien que lo vivas, qué gusto, qué bien, pero no lo deseo. Ecuanimidad. Cuando tengo un dolor, lo mismo, lo siento y lo veo como una herramienta, tanto las cosas buenas, el placer, como el dolor, como una herramienta para yo desarrollar mi ecuanimidad. El no reaccionar. Porque si cuando tienes dolor reaccionas moviéndote, queriendo que se vaya el dolor, no sé qué, estás haciéndolo desde la aversión. Y entonces fomentas que cuando tengas otra vez esa sensación, tu cuerpo reaccione enseguida. Y eso es con una sensación, pero todo lo que vives en el mundo provoca en ti una sensación. Y con lo placentero igual. Si cuando tienes el placer lo deseas y, ay, que no se pase, qué rico, no sé qué, quiero más de esto, te vas a decepcionar porque va a cambiar. Entonces se trata de eso, que suceden las cosas, ya sean pensamientos. A mí me pasaba ese día, y entonces empezaba: joder, quedan 2 días, mañana ya no sé qué, voy a salir, mi mujer, lo otro. Y decía: me estoy rayando que te cagas ahora mismo, digo, me está creando hasta ansiedad. Y decía: bueno, veamos cuánto dura. Y no hacía nada, me quedaba observando. Veamos cuánto dura. Y decía, ah, mira, ya mi mente ya no está pensando eso, ya está. Ah, qué interesante, ¿no? Y tenía dolores y decía, ok, bueno, veamos cuánto dura este dolor. Y lo observaba. Ah, mira, ahora se ha ido. Ah, mira, ahora es menos. Ah, mira, pues no se ha ido, sigue durando. Perfecto. Y así con todo, ¿sabes? Era como cada cosa que sucede, cada cosa que empiezo a ver, digo, sé que es impermanente. De hecho, vine de Vipassana el domingo, tenía cita ya para un tatuaje y ya me lo he hecho. Bueno, estoy en ello, me queda una mitad. A ver si te lo puedo enseñar. Y bueno, una parte del tatuaje importante, a ver si se ve por aquí, es este círculo. Un círculo que representa eso, ¿no? La impermanencia. Anicca, anicca. Los que habéis hecho Vipassana habréis escuchado mucho esa palabra, anicca. Y eso fue mi día 9, el tener esa parte. Y desde ahí decía, vale, mi mente ahora mismo me está diciendo esto, bueno, veamos cuánto dura. Hoy estoy aburrido de cojones, no sé qué hacer, bueno, veamos cuánto dura. Y lo hacía desde el no evitarlo, no intentar hacer otras cosas para tapar eso, sino el, pues me paro y digo, bueno, veamos cuánto dura. No reacciono, asumo que todo está siempre cambiando. Y así se pasó el noveno día, que es muy importante, porque el noveno día es el último en el que estás en silencio. El día 10, después de la meditación de la mañana, como a las 9 de la mañana o así, o a las 10 creo, se empieza a poder hablar con los compañeros. Lo pasas todavía allí, pero para que haya una adaptación, pues el día 10 hablas con los compañeros. Y en el día 10 casi que tenía clarísimo cuál iba a ser el aprendizaje. Y cuando ya empezamos a hablar, y eso lo vi más claro todavía. Porque piensa que te pasas 9 días viendo las zapatillas de tus compañeros, sintiéndoles, pero no les miras a los ojos, no les saludas, no hablas, no les puedes decir gracias, no puede haber interacción ninguna. Y tú les miras cuando no te están mirando, ves sus caras, ves cómo andan, y te imaginas cómo lo estarán viviendo. Te haces una imagen un poco de quiénes son. Y en el día 10, cuando ya empezamos a hablar, y al ratito, que luego ya me quedé solo ahí, porque te agobia incluso estar con gente cuando acabas esto, y decía, mira, mi aprendizaje es namasté, ahora te veo, ahora me veo. Y era porque veía perfectamente cómo nos creamos una imagen de la persona. De hecho, Goenka lo decía en uno de los discursos también, te creas una imagen de quién es la persona, ¿no? Imagínate, Por empezar por alguien, por ti mismo, ¿no? Pues tienes una imagen de quién eres tú y es una imagen fija, como una foto que hubieras hecho. Y entonces te relacionas contigo mismo con esa foto, que crees que no cambia. Que yo soy así, soy asá, hago esto, hago lo otro, me gusta tal, me gusta lo otro, como algo fijo. Entonces no te relacionas con la persona, te estás relacionando con la imagen que tú tienes de la persona. Con tu mujer igual, tú tienes una imagen hecha de quién es tu mujer. De cómo te trata, de qué hace, tienes una imagen, modelo hecho. Y te relacionas con esa imagen, no con tu mujer, porque tu mujer está detrás de esa imagen y tu mujer cambia siempre, surge para desaparecer. Cada una de las cosas que hace, cada una de las cosas que es, cambia. Y entonces era como pensar también en la frase que decía Ram Dass, que me gustaba mucho, que dice: Normalmente, la gente se relaciona de la siguiente manera, Que dice, oye, tú trátame, hazme creer que soy como yo creo que soy, y yo te haré creer a ti que eres como tú crees que eres. Que es como, oye, tú refuérzame una imagen fija de quien yo creo que soy, yo te refuerzo a ti la imagen fija de quien tú crees que eres. Pero en verdad no nos estamos viendo ninguno de los dos. No te estás viendo, no te estás viendo. Y fue tan claro, ¿sabes? Como, ostras. Y sobre todo pensando en mi mujer, en Sara, pues decía, ahora te veo, ¿sabes? Ahora te veo. Porque además, si quiero amar a esa imagen de ti, siempre vas a estar defraudado, porque nunca va a ser exactamente la imagen, porque no puede. No podemos ser siempre el mismo, estamos cambiando. Y entonces me pareció súper, súper bonito el no amar la imagen mental que tienes de la persona o de ti, sino amar a la persona. Amar a la persona. Y luego también otro aprendizaje muy interesante de este día que tiene que ver con esto es que desarrollar, esto fue sobre todo por las conversaciones que tuve allí con la gente, una compasión, un amor, pero bueno, sobre todo compasión por la ignorancia, por la ignorancia de las personas, y que yo también he sido ignorante y que hay situaciones en las que soy ignorante. Pero al final, cuando somos ignorantes y no estamos prestando atención a nuestras sensaciones, a nuestra mente, a quién somos, a lo que pasa, nuestra mente coge el piloto automático y habla por ti. Y suele ser bastante jodido cuando la gente está poseída por su mente y por los apegos y por el deseo y todo esto. Hacen daño, hacen daño, y te hacen daño, y tú haces daño también. Entonces, Era como, OK, yo puedo ser consciente, puedo trabajar en esto, hay otras personas que no lo hacen y a lo mejor nunca lo hacen, y tengo que tener compasión por ellos, porque están, entre comillas, poseídos por su mente. Entonces, más allá de enfadarte con ellos, evidentemente que pongas límites, que lo que sea, pero que lo entiendas, que es como entender la ignorancia, comprenderla de verdad. Y desde ahí ya puedes gestionarlo de otra manera, lo que sea que hagas con esa persona. Pero me vino también eso, como decir, joder, hay que tener compasión por la gente, por nosotros también cuando nos sucede, que vives en la ignorancia y que haces cosas desde ahí, de la ignorancia, del miedo, de todas estas cosas. Y ese día hablas con la gente, es súper entretenido, te vienen las ganas de salir, pero no tanto ya, porque es como una válvula de presión. De repente, hostia, miras a la gente a los ojos, hablas, se nota, ¿sabes? Ahí la gente que estaba fatal, ahí es como, ya estoy bien, ¿sabes? Y en este día, creo que en el 10, bueno, en el 9 y en el 10, me vino varias veces que cuando estaba haciendo el primer vipassana me quería ir ya. O sea, era como que me den el móvil, que quiero hablar con mi mujer, que quiero irme. Y en esta era como, en el 9 sobre todo, hubo varias veces que dije, podría estar 10 días más. Y me flipó sentir eso porque no lo había sentido nunca. Y dije, podría estar 10 días más sin problema aquí, meditando con esta rutina, en el presente, aguantando mi dolor, aceptándolo, ¿sabes? Como podría estar 10 días más. Incluso decía, podría ser monje, ¿sabes? Lo veía hasta fácil. Decía como, es que ser monje es— entiéndeme, que no es que sea fácil, pero decía, es fácil comparado con intentar ser monje en la vida diaria. Era como, aquí no tienes dinero, no tienes que preocuparte de la comida, solo tienes que escuchar el gong, hacer allí lo que tengas que hacer, meditar y ya está. Es como dedicas tu vida a eso. Y decía, no es que sea fácil, pero yo lo veía para mí, digo, si le dedicara a esto un mes, dos meses así, me acostumbro y mi vida sería eso y ya está. Pero estar fuera, gestionar una empresa, tener un matrimonio, un hijo, vivir en el mundo, tener un móvil, Eso sí que es jodido, vivirlo como un monje. Eso sí que es jodido. Y todos los aprendizajes que me llevé, y ahora te cuento el del día 11, pues eran un poco para eso, para salir de allí y decir: ¿Cómo puedo traer el máximo de esto a la vida cotidiana, a la vida diaria? Porque esa es la verdadera prueba para mí, por lo menos, que yo siento que en esta vida yo no he venido a retirarme a un monasterio, no he venido a eso, lo sé, mi diseño no es ese. Pero era como, ¿cómo puedo llevar cosas de una vida de un monje, de lo que he vivido en Vipassana, a mi vida diaria? Y, por ejemplo, en el móvil, pues llegué y le quité las notificaciones al WhatsApp, le quité las notificaciones a Telegram, y ahora solo funciona si yo cojo el móvil. Si no, no permito que sea el móvil quien me avise de nada, menos de las llamadas. Y de momento, si veo que tengo muchas, ya lo veremos. Pero fue como, no, es que no quiero que me secuestre eso. Prefiero poner mi atención en cómo me siento y en cosas que yo quiera hacer activamente y en el presente, más que estando en el presente, ping, ping, un mensaje, y que te saque de allí. Y luego encima no solo el pipí, sino es como lo que te diga la persona, que puede que te saque totalmente de lo que estabas viviendo. Y entonces dije: No, se acabó. De momento, no sé si me durará, porque estas cosas son así, pero no quiero notificaciones. Si alguien necesita algo, que sea importante, me llama. Y si no, pues ya le contestaré cuando mire yo el WhatsApp, que lo miro de vez en cuando, cuando me viene. Y el día 11, que sales por la mañana a las 7 de la mañana, desayunas, hay una meditación a las 4:30 y tal, y ya sales. Y se me vino una frase que se la dedico porque se la escuché a Vicente Niclos, a un amigo, Vicente de Niclos Dulanto. Y era: Decía, te prometo, solo te puedo prometer, con su programa que tenía o que tiene, te prometo que nada cambiará, pero todo será diferente. Y se me quedó ahí grabada, es como, OK, la promesa es que nada cambiará, pero todo será diferente. Y era un poco lo que me venía el día 11, porque salí, hablé con Sara por teléfono, hablamos 4 horas y media seguidas, pero nada había cambiado, no había decisiones que yo había tomado, no había... Nada, era como, mira, es que no ha cambiado nada, pero todo es diferente. Y era una sensación de que cambia el desde dónde lo vives, ¿sabes? Es como en el matrimonio, lo del miedo. Pues es como, no cambia nada, en verdad, yo sigo estando casado contigo, sigo amándote, no tengo ninguna duda, pero antes tenía miedo a separarme, ahora no tengo. Y entonces cambia el desde dónde, es algo muy sutil, ¿no? Es como, y ahora es diferente, porque puedes vivir la relación de una manera diferente. Y eso, y al final es como salir con una mentalidad diferente o integrar estas cosas que hemos estado hablando para vivir el presente, para deshacerte de la ilusión, para crear un juego vital que al final lo creas tú, en algo en lo que crees que es la vida para ti, donde no sufras tanto. Donde lo importante no sea lo que consigues, sino el cómo lo vives y el por qué lo haces. Y al final tienes que elegir una metáfora tú de cómo quieres que sea tu vida y cómo la quieres vivir, que te recomiendo que lo hagas. Ya hablaremos de alguna de estas en el podcast. Pero para mí, pues quiero que mi vida sea esto ahora, el presente, lo que vives en cada momento, reconociendo la ilusión que hay en todo lo que vivimos y viviéndolo, decidiendo vivirlo. Y no saltándote capítulos, no deseando que todo vaya más rápido, no con miedo, ¿sabes? Es como, y es algo continuo, ¿no? Yo sé que ahora he tenido estos aprendizajes, genial, los interiorizaré todos los que pueda. Y iremos a por los siguientes. Al final es la vida la que te va a seguir enseñando. Así que estos son todos mis aprendizajes de Vipassana. Y esto es cómo he vivido más o menos la... Esta experiencia. Me he ido con ganas de— Sé que haré más, que haré mínimo uno al año, y me gustaría en unos años, porque tienes que hacer varios entre medias, hacer uno de 20 días. Sé que lo haré. No será el siguiente, porque necesitaré hacer 3, creo, de 10 días, y otro de 7 de otra técnica. Pero me apetece mucho hacer uno de 20 días, ver qué sucede del día 10 al día 20, tiene que ser muy interesante. Y nada, y muy agradecido. He pensado mucho en el podcast también, en vosotros, porque es un sitio donde me encanta venir a hablar y a contarte estas películas mías de diferentes cosas. Y ojalá te inspire esto a plantearte en tu vida cosas diferentes o a sentir en el cuerpo lo que has visto, lo que te he estado contando, porque al final nada es casualidad y si estás escuchando este podcast es porque hay algo en él para ti, aparte de entretenerte. Y bueno, a mí me ha servido muchísimo contártelo. Estaba deseando hacerlo desde que salí, la verdad. Y el salir ha sido muy abrupto para mí. El primer día fue bien, ya el segundo vino la tormenta de cosas, y la verdad que cosas difíciles que gestionar en mi vida ahora mismo, bastante difíciles. Pero bueno, tomándomelas, haciendo mi mejor esfuerzo, un día a la vez, día 1 sin más, y con todos estos aprendizajes. Así que gracias por haber escuchado este podcast. Déjame una contesta a la pregunta que suele haber aquí debajo del podcast si estás en Spotify, compártelo con alguien que creas que le puede servir, y nos vemos en Instagram. Acuérdate que en @oyenacho dentro de Instagram te publico cosas todos los días, pequeñas píldoritas así para ayudarte a que tu día sea diferente. Y nada más, gracias, te mando un abrazo muy grande y nos vemos la semana que viene.

Chao. Este podcast está patrocinado por el Instituto de Respiración Consciente y quiere regalarte una hipnorespiración consciente gratis para que puedas acelerar tu despertar con Oye Nacho. No dejes este contenido del podcast en tu mente y bájalo al corazón con esta respiración. Entra en respiragris.com, dinos a qué email te mandamos el material gratis y a respirar.

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