Episodio 013 · Despierta con Oyenacho
Masculinidad Tóxica vs. Masculinidad Vulnerable: ¿Cuál es el futuro de los hombres?
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Nacho: Muy buenas, bienvenido a este nuevo podcast. Creo que estamos en el 13, que mira qué número más bonito, que está relacionado con la transformación. Y este podcast se me ocurrió, bueno, Alfonso es compañero en el IRC, también es facilitador de respiración consciente, y bueno, pues hablamos bastante por Instagram y de repente me acordé de él y dije, ostras, con Alfonso podríamos grabar un podcast. Sobre masculinidad de la leche. Porque yo cuando vi a Alfonso la primera vez, que es un tío súper grande, me dio un abrazo y sentí en el abrazo como una emocionalidad, una ternura, ¿sabes? Tan diferente a tu apariencia y a tu voz, que ahora te escucharán, que fue como, hostias, este es de los míos, ¿sabes? Es como, aquí hay una masculinidad diferente a la que ahora hay, ¿no? Y entonces, bueno, hemos decidido crear este, hacer este podcast para hablar un poco de esa nueva masculinidad que se lleva ahora en esta era. Hay además una serie de Netflix que se llama no sé qué de la masculinidad, es que no me acuerdo cómo es, es de risa, pero tiene cosas por ahí muy interesantes de ver porque te demuestra también dónde están las mentes de lo que es la masculinidad y lo que no es la masculinidad. Entonces, me ha parecido súper interesante hacer esto y hablar de esa transformación de la masculinidad que hay. Y bueno, qué mejor que contigo, Alfonso, para hablar de esto. Así que bienvenido a este podcast. Y nada, ya mismo nos ponemos al lío.
Alfonso: Muchas gracias, Nacho, por contar conmigo y por charlar de algo tan apetecible, la verdad, y que tanto bien puede hacer, seguramente.
Nacho: Sí, la verdad que sí. La verdad que sí. Así que mira, yo tengo por aquí que he estado sacando como ideas y viendo un poco qué es lo que diríamos. Y fíjate, hay una. Podemos empezar por hablar de qué entendemos por masculinidad. ¿Vale? Como qué es lo que se entiende. Y luego he sacado aquí lo que más busca la gente de qué sienten ellos, qué es la masculinidad, ¿sabes? Como qué es esto de la vulnerabilidad, las emociones y todo este tema. Entonces, para mí, lo que más me interesa de este podcast, y ahora nos meteremos ya en historia y demás, y nos van a conocer un montón en el podcast la gente, pero para mí la masculinidad ha sido desde pequeño como un como una similitud o un análogo de estar protegido. Como si eras masculino de pequeño, no te pegaban, te respetaban, gustabas más a las chicas, no se metía contigo tu abuelo. El mío, en mi caso, se metía un montón conmigo, y eso que yo era bastante masculino, pero yo creo que forzado, porque veías que era como para poder sobrevivir en la sociedad tenías que ser eso. Y entonces, claro, para mí, yo me he criado con una visión de la masculinidad potente, naciendo en San Blas, en un barrio de Madrid donde mucha gente de la que conocía había pasado por la cárcel. Mi padre estuvo en la cárcel. Hay como un estándar de que ser masculino es ser agresivo, es ser frío, es incluso hacer cosas ilegales. Es como unas etiquetas ahí con la masculinidad, tío. De la hostia, sabes, como súper tóxicas. Y no sé cómo ha sido para ti o cómo es esta definición de masculinidad para ti.
Alfonso: Total. Yo, para mí, la masculinidad, de hecho, cuando me propones esto, digo, hostia, masculinidad. Yo sabes que no soy un tío de etiquetas ni de términos ni de tal. Soy muy más de fluir. Tuve que buscarlo en el diccionario. Hostia, ¿por dónde va? ¿Por dónde vamos con la masculinidad? Pero como más que buscarlo, digo, me voy a comprender. ¿Qué es la masculinidad para mí? Y para mí, a día de hoy, ha sido como un disfraz. Un disfraz innecesario que intenté ponerme durante muchos años y que cuando me lo quité dije, ¿para qué? ¿Para qué? Es todos esos referentes que tú dices, ¿no? De hacerte el machito, de hacerte el duro para el tema de las chicas, para el tema de ligar más. Tenía de referente a un primo que siempre ha sido muy echado para adelante. Para mí era siempre el referente. Y yo, joder, y es que nunca tal, y siempre como muy a la... Como muy a la sombra de él y queriendo parecerte a él porque era ese tipo de persona de, bueno, valiente, echa para adelante, el que siempre tenía a las chicas a su alrededor, etcétera, etcétera, etcétera. Pues todos esos clichés que sabemos sobre la masculinidad e intentabas ir hacia allí en su momento. Pero llega un momento que te desvirtúas absolutamente tanto y a día de hoy lo pienso cuando me lo propusiste y pues realmente para mí es la masculinidad es un disfraz, en mi caso, innecesario.
Nacho: Sí, mira, vamos a ver puntos así como clave y para intentar darle a la gente como una visión, porque yo sobre todo me gustaría que de este podcast, bueno, en casi todos los que hago, mi objetivo es que se vean varios puntos de vista y que la persona que se siente identificada con uno o con otro, pues que pueda como decir, coño, pues soy normal, ¿sabes? Oye, pues está bien que yo piense así. Y que sea como bastante, no sé, que ayude, que la gente lo vea y ayude. Y me gustaría que este podcast, Siempre tengo como este objetivo y creo que para ti también puede estar guay. No los hago directamente para Oliver, pero indirectamente sí que me gusta que cada podcast sea como un recurso de la hostia para que mi hijo, por ejemplo, o cualquier persona que esté pensando en oye, ¿qué es la masculinidad? Oye, ¿soy masculino? Oye, ¿soy femenino? Oye, ¿tengo que ser más fuerte? ¿Tengo que ser menos? ¿Está bien ser vulnerable? ¿Puedo expresar mis emociones? Que pueda venir y escucharse un podcast de una hora o de lo que dure. Y salir diciendo, joder, lo tengo más claro, ¿sabes? Puedo pensar por mí mismo. No es sobre enseñarle, es sobre ayudar a la gente a que piense por él mismo. Entonces, mira, por ejemplo, una de las cosas que más se iran un poco con la masculinidad es que la vulnerabilidad y la emoción son signos de debilidad. Que es como esto, yo creo que ha estado como mega puesto ahí en la frente. Yo te puedo contar hasta una anécdota, tío, de Cuando empecé a trabajar, empecé a trabajar en una obra y lo que hacíamos era pintar fachadas. Recuerdo que además eran fachadas o patios, no sé si empecé directamente con los patios interiores en Móstoles. Y tú entrabas allí y recuerdo que entré con otro chico más de aprendiz, empecé con 15 años, y el otro chico con el que entré era de otro barrio o de otra familia o lo que fuera, y era como menos masculino. Hablando de masculinidad, de esta masculinidad que ve como un signo de debilidad la vulnerabilidad a la emoción. Porque yo creo que el tío era supersensible, que era como más introvertido, ¿sabes? Y yo era más extrovertido, menos sensible por fuera. Y tío, estábamos comiendo y esto era totalmente normal. Y a lo mejor tú lo has vivido. Estábamos comiendo con nuestro tupper y los mayores, los que eran en la obra, que eran más mayores, según estaban comiendo le pegaban una colleja. Venga, espabila, no sé qué, andando. Oye, niño, tráeme esto, joder, que pareces tonto. Y le daban un golpe en el casco. Venga, hombre, que tienes que madurar, ¿sabes? Porque parecía más sensible, ¿sabes? Y a mí no me hacían ese tipo de cosas porque me veían más de barrio, más no sé qué. Y yo lo veía, a mí me daba miedo, ¿sabes? Era como— Y ahí ya veías que decías, hostias, tío, si muestro vulnerabilidad o si muestro emoción que no sea el enfado, porque el enfado sí lo puedes mostrar y es como, ah, eso es masculino. Me van a dar hostias, tío, ¿sabes? Es como voy a sufrir. Y eso era lo que yo veía en mi primer trabajo, por ejemplo.
Alfonso: Yo me identifico muchísimo. Yo he nacido en Usera. Al final, tú San Blas, Usera, primos hermanos. Bastante, bastante, bastante potentes. Y es eso que tú dices. Al final te querías convertir en algo que no eras. Tú veías, pero por miedo al final, veías, había mucha delincuencia, mucha gente por allí, pues de buen vivir o de mal vivir, llámalo X. Y te tenías que ensanchar un poquito el pecho, ir un poquito para arriba, pero realmente ibas acojonado de la hostia. Simplemente para poder captar lo que tú dices, ¿no? Que no formar parte de esa parte de personas que eran algo más sensibles o que proyectaban algo más de sensibilidad porque les iban cayendo palos por todos los lados. Ya sea el robo de las zapatillas o que te estuvieran puteando constantemente. Y entrabas ahí, pero yo no sé tú, se pasaba muy mal. Cuando tú no eres así, de esa manera, o cuando en esencia eres realmente sensible y eres consciente, aunque eres pequeño, pero eres consciente de que, hostias, es que yo no estoy en ese papel de supermacho, ¿me entiendes? Pero lo tengo que hacer para no entrar en ese juego de lo que le están haciendo al lado, porque las está pasando aún peor que yo, seguramente. Y te tienes que empezar a poner ese disfraz del que te hablaba para desempeñar un papel que es el estándar para no, o lo que tú tienes en la cabeza como estándar para no sufrir ese tipo de acosos o ese tipo de abusos, de mala praxis, ¿no? Con uno, de abusos, sí, exactamente. Con lo cual es una situación para la gente, pues eso, que viva en este tipo de barrios, que identifique esa masculinidad, decir sí, yo me estoy haciendo macho. Hostias, es jodido. Evidentemente vas hacia ahí porque es lo que conoces, porque es tu Esa es la educación en la que hemos estado viviendo. Lo que tú hablabas de la obra, yo trabajo en hostelería desde los 16 años y cuando iba a abrir el bar, las primeras personas que entraban al bar era el macho por excelencia, café, copa y puro, en el momento en el que se podía fumar. Y allí la brusquedad era tremenda, la empatía no existía, eso era todo a base de de fuerza bruta, todo, hasta las conversaciones a base de fuerza bruta.
Nacho: Total, tío. ¿Tú crees que eso ha cambiado ahora mismo en los barrios y demás? ¿Cómo crees que ha cambiado?
Alfonso: Yo creo que no sé si ha cambiado en exceso, la verdad. Creo que está muy instalado en nosotros. Creo que está muy instalado. Lo que pasa es que cuando realmente nos empezamos a conocer y nos encontramos con nuestra esencia y empiezas a ver el poder que tiene realmente el ser vulnerable, el abrirte, el Realmente abrirte, llámale vulnerable, llámalo X, pero permitirte ser tú y vivir en sintonía a lo que tú eres. Y eso sí que te da protección, eso sí que te da mucha más protección que desempeñar un papel estándar de pues esa masculinidad entendida como se entiende, como fuerza bruta. Al final yo creo que hay mucho más fuerza en ese estado, en ese encontrarte a ti mismo. Y si eres vulnerable y si eres una persona Sensible, muéstrate como eres, porque ahí está tu fortaleza, más que desempeñando un papel, creo yo.
Nacho: Sí, fíjate que suena, está guay desde tu yo de 40 años, o no sé cuántos tienes tú. ¿Cuántos años tienes, Alfonso? 40.
Alfonso: 39, estoy a punto de coger la cuarta planta.
Nacho: Yo tengo 41 y estaba pensando, ¿qué le dirías? Porque esto es jodido. Y ahora es casi como dirigiéndote a esos adolescentes o a esas personas más pequeñas a ti mismo de hace unos años, ¿cómo le dirías para que lo entendiera? ¿Qué puede hacer? Y empiezo yo para darte, para no pillarte así de imprevisto también. Y fíjate, yo tenía en ese momento a mí mismo una de las cosas que me gusta, me encantaría haber entendido, pero claro, es súper difícil. No sé si hubiera sido capaz de entenderla. Ojalá que lo escuche gente esto, y sobre todo los papás, que somos los que podemos ayudar mucho en este sentido como referentes. Me hubiera encantado entender que la persona que era el más machito, que utilizaba la agresividad, el pelearse y todo esto, era el que tenía más miedo. Que parece como muy simple, pero ese es el que tiene más miedo y por eso es tan agresivo. Yo de hecho tenía amigos que eran así y que conmigo no lo eran. Porque les veía, ¿sabes? Porque era como llegabas a esa conexión. Seguro que te ha pasado a ti también. Y conocías a esa persona que igual era el más salvaje de todo el barrio. Y por dentro había una persona supersensible, superamorosa, ¿sabes? Y que lo otro era simplemente, en muchas ocasiones, una protección porque su padre le pegaba o porque le habían pasado cosas de pequeño. Era una protección porque tenía mucho miedo, ¿sabes? Entonces, bueno, por un lado eso no sé si le serviría.
Alfonso: Sí, es una pregunta súper difícil, yo creo, de contestar. El qué decir a esa persona. Yo creo que tengo más que decir a ese padre, a ese padre tengo más que decir, o me nace más decirlo desde ahí. Porque creo que las palabras se quedan muchas veces, está bien para tomar consciencia y demás, pero lo que trasciende es el actuar. Y yo lo estoy viendo en mi pequeño de 5 años, que de hecho cumple mañana. Cómo va cambiando a medida de que su papá está cambiando. Cuantos más papás nos mostremos vulnerables, haremos que nuestros hijos entiendan que sean más vulnerables, que se abran más a permitirse ser quienes son y que todo eso empiece a cambiar de manera radical. A mí me resulta muy complicado dar ese consejo a ese adolescente porque creo que lo pasé bastante mal. De hecho, con todo esto de la respiración, ahí han salido cositas, simplemente porque no me permitía. No me permitía ser yo. Así que creo que el consejo que más me nace es dar el consejo al papá. Quizás no sea tan inmediato como a ese adolescente, pero sí que a una generación, dos generaciones vistas, dar ese consejo a ese papá de que se muestre vulnerable, que se conozca y se permita ser como es para que su hijo luego se pueda conocer a él y no tenga que ser el reflejo de su padre, sea el reflejo de él mismo. Y así la masculinidad dejará lo mismo hasta de tener término.
Nacho: Ya ves. Sí, yo creo que el problema es que cuando, por lo menos cuando yo era pequeño, y yo creo que hasta ahora igual es diferente, pero el ser vulnerable también estaba como muy hilado a ser auténtico, ¿sabes? Si eras auténtico ya era un signo de vulnerabilidad, porque los que eran diferentes se les etiquetaba, cobraban, iba a decir, porque también. Y el que era como todos, ¿sabes? Era como que había un estándar de cómo era la gente normal, ¿sabes? O no sé cómo llamarlo. Y esas personas pasaban desapercibidas. O sea, es como que te entrenaba la sociedad para que fueras como todos los normales hombres, masculino, tal cual, para que no se te viera, ¿sabes? Que es la hostia, porque es como tú fíjate lo que se nos ha entrenado en todos los sitios, ¿sabes? En el instituto, en el colegio, a que pases desapercibido teniendo una conducta que no es en verdad buena, ¿sabes? Es como teniendo una conducta que es más bien tóxica. Y es que al final, tradicionalmente era como ser fuerte y dominante para ser fuerte, que como ya aquí entramos en otro, en otro tema, para ser fuerte te enseñaban que el hombre es fuerte si no muestra debilidad, si no muestra vulnerabilidad, si no muestra sus emociones. Y era como eso es ser masculino, ser fuerte y que no te hagan daño, ¿sabes? Era como para que no me hagan daño, eso es lo que tengo que hacer.
Alfonso: Es una coraza pura y dura. Pero sabes cómo, ostras, ahora que hablamos de padres y demás, sabes cómo mi padre es una de las personas de estas rudas, de pueblo. De hecho, se vino a Madrid de manera obligada. 23 años él estaba en el pueblo, una persona de campo que le encanta el campo. Y pues eso, bruto, ha pasado su vida en la fuerza, evidentemente. Y ahora, tío, cuando le veo, se ha deshecho completamente. Ven aquí, si tú lo que necesitas es un abrazo, déjate de hostias. Y le pegas un abrazo desde hace meses. Y ahora lo que hace todos los días, él me muestra su fortaleza viniéndome a ver y pegándome un abrazo y mostrándose realmente como es. Y una de las personas con una mentalidad súper, súper, súper rígida de pueblo, de pueblo muy pequeñito de la Sierra de Gredos, que aunque haya vivido toda su vida allí, su mente sigue allí en el pueblo. Pero cuando consigue mostrarse, Tú le ves un brillo y una fortaleza en los ojos que es brutal. Por eso te decía del tema de los consejos, me hacen más a los papás para actuar más que hablarle a tu hijo, actuar en consecuencia para que él te lo vea.
Nacho: Sí, pero los papás tampoco saben, porque tú fíjate que incluso esta conversación entre nosotros no está siendo del todo fluida, porque hasta para nosotros es un término nuevo del que no se habla mucho, ¿sabes? O sea, no nuevo, pero no es algo que hables con los colegas. Entonces, por eso es tan interesante para mí el hablarlo. Pero, ¿cómo crees tú que, o sea, cómo has transformado tú el concepto de que ser vulnerable? Porque claro, yo veo como un peligro, ¿sabes? Es como, por lo menos el que me salta a mí de mis patrones antiguos y que todavía estarán por ahí algunas partes. Y es que tú dices, vale, mostrar debilidad, vulnerabilidad o mostrar tus emociones no no te hacen ser menos fuerte. Pero cuando has visto esto siempre, ¿cómo crees que eres fuerte a través de eso? O sea, ¿cómo podrías describir tú cómo eso te hace fuerte en una situación en la que, por ejemplo, como el tema de los niños, o incluso ahora, que a lo mejor sin llegar a las manos, a que sea ya una situación violenta, pero ¿cómo te hace fuerte eso? Yo tengo mi contestación ahora, que ahora después te comento, pero ¿tú cómo crees que te hace fuerte esto?
Alfonso: Yo te digo, porque a ver, sobre mi experiencia, a mí no me hacía fuerte eso. Yo me sentía más vulnerable aún cuando desempeñaba el papel de fortaleza que tenemos en la cabeza, de ser, no, no, aquí por mis cojones, hablando en plata. Yo no me sentía fuerte, tío. Estaba desempeñando ese papel. Con lo cual, a esa persona que desempeña ese papel y se sienta un poco, digamos, desvirtuado, tío, olvídate de ese papel y muéstrate a ver cómo tú eres. Muestra tu vulnerabilidad, a ver si sientes que realmente ahí hay más fortaleza. Poner dos paradigmas. Tienes ese paradigma que tenemos muy interiorizado de esa actitud de macho, de fortaleza desde la fuerza, desde lo físico. Y esa brusquedad. Hostias, si no te sientes ahí cómodo, si te sientes ahí cómodo, bueno, pues vale, perfecto, ya llegará el momento, lo mismo, que tengas que reconducirla. Pero si no te sientes cómodo, que era mi caso, prueba a ver. Yo no fui capaz. Lo soy ahora, pero no fui capaz. Con lo cual sí que me gustaría, no sé si puede ser un buen consejo. Si te sientes incómodo desempeñando ese papel de masculinidad que tenemos entendida a día de hoy, prueba con ser vulnerable a ver si te sientes más fuerte y ya elige uno de los dos caminos en el que mejor te encuentras.
Nacho: Sí, sí. Yo fíjate que se me venía intentando buscar situaciones para poner esto. Yo cuando estuve trabajando de policía, que estuve 6 años, Tenía compañeros. Bueno, yo me recuerdo la primera vez que intervine, que paré un coche con la linterna, con varios compañeros y tal, me temblaban las piernas. Además, eran 4 o 5 personas, yo qué sé, de por ahí, no sé, de Europa, pero de estos enormes, como que los ves y dan miedo. Y yo entré con 23 años, que era un niño. Mi cara, todo era como, me miraban así. Imagínate con 40 años ellos. Se les veía como malos, malos, y mirando así. Hasta me lo dijo uno, dice: Tú eres nuevo, ¿verdad? Y tú te quedas como, te cagas encima, ¿sabes? Como: Joder, se huele a la legua, ¿sabes? Aunque llevas pistola y lo que sea. Y ahí mismo yo empecé a ver, al principio, fue una transformación bastante interesante, porque empecé al principio a ver que había varios compañeros, había unos que eran súper agresivos, que multaban o pegaban en plan deteniéndote o en una pelea antes de preguntar. Y era como más rápido lo que hacían. Y luego había otros que eran súper calmados, que eran pausados, que solían ser los más mayores también, muy como serenos, que hablaban con la persona y que luego, si ya había que ponerse a malas, se ponían a malas que te cagas. No había problema. Cuando ya llegaba el contacto, pues llegaba el contacto. Y era curioso porque yo no me sentía identificado con esos policías que había, que eran más de agresividad primero, ¿sabes? Como pegar, pero no digo pegar antes, me refiero a agresividad antes y luego ya, si acaso, hablar. Imagínate si te paraban con el coche, pues que en vez de decirte: Oiga, buenos días, ¿cómo está usted? Mire, ¿se ha dado cuenta que usted se ha saltado el semáforo? Pues en vez de eso, que eso es a lo mejor lo que haría yo, ellos te decían: ¿Pero no has visto el semáforo? Te voy a poner una multa que no sé qué. Como que ya entraban con el pum ahí poniendo el... El este. Y yo en ese momento no entendía ni mucho menos que fuera desde el miedo, porque ahora sí lo veo, ¿sabes? Es como, no es que tengan miedo en ese momento, pero que es por miedo que se ha ido acumulando y que dicen, yo voy primero a poner mi voz y luego ya para que la persona sepa y no me desafíe ni nada, ¿sabes? Y yo viví el paso a paso, como el ir pasando los años e ir viendo cómo se desarrollaba y cómo cada vez te sientes menos a gusto haciendo esto y cómo incluso con personas súper chungas, les daba más miedo a estas personas chungas un policía inapacible de estos que es que se le veía que era como que le estaba insultando él o algo y estaba como, ¿sabes? Y ese le daba más miedo, ese policía, a esa persona que los otros, porque lo normal era que hiciera eso, el policía reaccionara ya le detuviera, se pelearan, lo que fuera, ¿sabes? Y no llegaba nunca nada al juicio. Pero el policía que estaba ahí como diciendo, tomando notas, ¿sabes? Y pensando por dentro como, bueno, yo voy a apuntar aquí, vamos a ver dónde llegamos, ¿no? Sabían que ese, cuando fuera al juicio, el juez le iba a creer, ¿sabes? Y lo que iba a escribir ese, porque hasta denotaba, que no sé si es verdad o no, pero denotaba más nivel cultural, ¿sabes? No sé si cultural, porque a lo mejor cultural no es la palabra, pero más inteligencia emocional, inteligencia, no sé cómo llamarla.
Alfonso: Creo que al final es lo que—
Nacho: Entonces le daba más miedo, ¿sabes?
Alfonso: Lo que tú hablabas antes, ¿no? Estamos educados para ser todos dentro de un mismo estándar. Hostias, cuando sale algo diferente, un policía ante una situación como la que tú dices, ¿no? Que te vengan 4 maromos del este y tú mantenerte aquí, sí, sí, no pasa nada, ser equilibrado, que al final ser equilibrado es ser vulnerable, ¿no? A fin de cuentas, hostias, eso desconcierta mucho. Este, ¿qué pasa? O está tarao y me pega 2 tiros en este momento, o O a veces pasa, ¿no? Con lo cual, al final, hostias, qué fortaleza lo que tú estás hablando ahí. Estás poniendo, ya no estás poniendo el escaparate o ese disfraz que hablábamos delante de esa persona, de esa situación, sino que te estás poniendo tú. Y ahí sí que desconciertas realmente. Cuando realmente te abres tú y te muestras tú, ahí es cuando dices, hostias, el de enfrente dice, esto es algo diferente, ¿qué está pasando aquí? Hostias, esa es una fortaleza brutal, mucho más que ser un armario empotrado.
Nacho: Totalmente, tío. Y de hecho, mira, si lo llevas a los niños, ahora me cuentas tú cómo lo haces con tu peque, pero yo, por ejemplo, veo con Oliver que cuando a veces que pierdes los papeles como padre y te vas a esa masculinidad antigua de fortaleza y de imponer las cosas y demás. Y yo recuerdo que cuando lo hacía así, ahora no sé si de vez en cuando alguna vez lo haces mal. Evidentemente, todo siempre alguna vez la lías. Pero cuando lo hacía así, era como que al final yo lo sentía como muy claro, que con el hijo además luego te pones tú a llorar porque te sientes fatal cuando lo haces de esta manera mal. Pero cuando de repente tú no, yo no podía sostener la emoción que tenía él, ¿sabes? A lo mejor de rabia, de enfado, porque no quería hacer algo, porque algo le había parecido injusto, por lo que sea. Y al final intentas solucionarlo desde la vulnerabilidad, en plan, venga, no pasa nada, no sé qué, se va. Subiendo el tono y al final llega un momento en el que te salta ahí tu patrón de masculinidad de cuando tú eras pequeño, lo que has visto, y dices, se acabó, no sé qué, pues ahora tal. Y pones una consecuencia más grande y no sé, lo haces todo como mega tal desde la emoción que tiene tu hijo. Y el niño ya rompe a llorar, da tristeza, sabes, lo que sea, y te sientes fatal, pero en cierto modo como que has conseguido cortar el patrón, sabes, como bueno, ya llora, se pone triste, patalea, lo que quiera, pero ya Se acaba esto. Y es una ganancia a corto plazo, porque siento que a corto plazo lo has solucionado, pero luego te sientes fatal y no es la mejor manera. Luego le estás enseñando a tu hijo a que haga eso, que cuando no pueda mantener el miedo que sienta por dentro, la emoción que esté sintiendo por empatía con el otro, pues grite, ponga ahí un megalímite y suelte la agresividad. Y ahora yo, por lo menos, cuando me pasan esas cosas y veo un montón la diferencia, es como que digo: OK, Esto no significa nada. Voy a ponerme aquí, lo intento, ¿sabes? Siendo ecuánime, tranquilo. No lo consigo. Ok, me siento aquí contigo, ¿sabes? Y me siento y espero. ¿Por qué tal? ¿Por qué cual? Intento algo. Oye, no funciona. Me siento y espero al lado de él y tal y cual. Y sigo tranquilo. Y puede que tenga que poner un límite, pero el límite a lo mejor digo, mira, mi amor, no va a ser así. Y además, si lo pides así cabreado y demás, vamos a tardar más. Y pues entonces no sé qué. Y hasta que ya aguantas y al final, que a mí me ha pasado y es súper bonito también, ya le dices, oye, ¿quieres un abrazo? Venga, dame un abrazo. Y le das un abrazo y notas que de repente todo ese enfado se rompe a llorar y lo descarga, como diciendo, joder, menos mal, me han podido sostener. Que creo que ahí está la fortaleza también de un padre, que es como, joder, mi padre me ha sabido sostener. No le he conseguido que reaccione, que me ha sostenido. Joder, hay alguien en el mundo, el mundo me puede sostener. Aunque yo no sepa cómo sostenerme.
Alfonso: Es brutal lo que acabas de contar, Nacho, porque es que eso es lo que estamos hablando. Muchas veces pones el foco en cómo enseñar a esos adolescentes, pero eso me nace a mí el tema de los papás. De hecho, con Roberto del Olmo, un compañero con el que hicimos el taller el domingo, que ya te contaré en su momento, hablábamos de eso, de por las mañanas. Tú te levantas por la mañana, vas con la hora pegada al colegio. Y los niños ponen plena atención. De eso tenemos que aprender de ellos, que ponen plena atención en lo que están haciendo, no en lo que tú quieres que hagan. Ellos están poniendo plena atención ahí, pero tú, claro, tu película es que tío, ponte a desayunar porque nos vamos. Y yo le digo, y antes era el patrón, era todos los días ir ahí, cariño, venga y venga y venga y venga y venga. Y no consigues nada. ¿Sabes qué llevamos haciendo toda la semana, Nacho? La semana pasada, por casualidad o causalidad, llámalo equis, mi hijo estaba con que quería leer cuentos. Toda la mañana y me traía una pila de cuentos así y me las ponía. En otro lugar, sacando mi masculinidad entendida como antes, era: a tomar por culo los cuentos, tío. ¿Cómo vamos a ponernos a leer los cuentos a media hora de entrar al colegio? ¿Y qué es lo que siembro yo con esa masculinidad en mi hijo? Darle continuidad a ese concepto que nosotros hemos vivido de masculinidad. Con lo cual digo: ¿qué hacemos? Pues coño, siéntate. Venga, cuento, cuento, cuento. Y parece magia, Pero llegas al cole a la misma hora. Después de sentarte con tu hijo, relajarte, decirle, pues venga, no pasa nada, tío, venga, vamos a hacerlo. Evidentemente, para eso hay que trabajarse bastante, ¿no? Pero que cuando lo experimentas, esa es la masculinidad, yo creo, chula. Estarte vulnerable como el niño. Te mira el niño, papi, es que yo esto es lo que quiero. Vale, por supuesto que hay que ponerle límites sí o sí, pero no desde esa masculinidad de por mis santos equis, sino pues bueno, vamos a verlo. Claro, llega, haces 5 libros como 5 cuentitos que le contaba. Si ya llega al séptimo, tío, ahora ya sí que no, que no vamos a llegar. Pero ahí ya sí lo entiende, yo creo. Ya te has puesto a su nivel, ya le has enseñado que pues hay que mostrarse, hay que abrirse. Te pones a su nivel, le das parte de lo que quiere, y a partir de ahí ya al séptimo, que ya ves que no llega, ese es el límite eficaz, yo creo. Tío, ahora no. Y ahí es cuando llega ese precioso momento que tú dices, que al final te pega un abrazo y te vas con un... Ahí sí te vas con el pecho hinchado de decir, hostias, ahora sí soy, ahora sí me siento fuerte. Ahí sí me siento fuerte de verdad. De la otra manera, cuando actuamos de la manera que tú hablabas de, es que por aquí, por aquí, porque hay que hacer esto, hay que hacer lo otro, tú te vas muy pequeñito de la mano del niño al colegio, con lo cual tu fortaleza se cae. Cuando empleas esa masculinidad de fuerza entendida como la entendemos, tu fuerza se cae porque te vas hecho polvo. Cuando lo haces desde tu esencia, desde tu vulnerabilidad, tu fuerza se amplía de manera brutal porque te vas con una sensación de que el mundo es tuyo por ese simple hecho de abrirte.
Nacho: Sí, yo fíjate, para mí una de las cosas que más lo he pensado un montón de veces, porque sí que lo he reflexionado mucho en los últimos años, A mí me daba miedo cuando era pequeño que me hicieran daño. Y yo supongo que a mucha gente, pero daño físico, ¿sabes? Que me pegaran, recibir un puñetazo, caerme por unas escaleras, yo qué sé. Supongo que porque eso te incapacita, ¿no? Pero bueno, el hacerte daño. Y creo que a mucha gente nos pasa eso. Y yo, por ejemplo, me apunté a artes marciales desde pequeño, desde los 5 años. Por defenderme, pero también, sobre todo, por defenderme para que no me hicieran daño. Y fíjate qué curioso que en muchos cursos que he visto de Estados Unidos, no he estado en ninguno todavía, pero tengo curiosidad de hacer alguno yo. Uno de los ejercicios que hacen en círculos de hombres, que es como van solo hombres y es como para explorar una nueva masculinidad, cosa que tengo ahí pendiente de hacer en algún momento, que no lo descarto. Vamos, no sé cuándo lo haré, pero sé que lo haré. Y uno de los ejercicios que hacen es que se pegan de hostias, pero de hostias. Se ponen dos tíos con guantes de boxeo y se pegan fuerte en la cara, ¿sabes? Y yo siento que en mi caso, incluso con el karate, con jiu-jitsu que he hecho, no sé, he hecho de todo, boxeo. Y ahí sí que me han pegado alguna vez, pero aun así lo evitaba, ¿no? El este. Y fíjate cómo evitando ese miedo construyes una masculinidad. Por no recibir una hostia, que sinceramente ahora te digo que casi mejor recibir la hostia que acarrear con esa masculinidad. Por el tema de que hablábamos al principio, imagínate que hay un conflicto y se llega a las manos y te pegan. Pues a lo mejor el que te peguen es mejor que el daño emocional que te pueda hacer el toda tu vida sostener el intentar evitar recibir un golpe. Porque está claro que al final, coño, tenemos que, si ves que están pegando a alguien, te metes. Si ves que hay una injusticia, habla. Si hay un conflicto, dilo. Y eso todo lleva siempre el riesgo de que la otra persona no sepa sostenerlo y desde la agresividad acabe en las manos. Pero creo que muchas veces, por ese miedo que tenemos a ese dolor, nos liamos una psicológicamente de la hostia.
Alfonso: Sí, sí, sí, sí, nos ponemos eso, nos ponemos disfraces realmente. Y una hostia te duele durante un tiempo, el ojo está morado y ya está. A mí me identifico mucho con lo que dices. De miedo a haber recibido daño físico realmente. He tenido suerte, que naciendo en el barrio en el que he nacido has estado en muchas, pero bueno, tampoco hemos tenido, no he tenido ninguna paliza gorda. Quizás en el pueblo alguna vez hemos tenido, estaba en todas, pero no recibía ninguna. Ahora esto que dices me va a hacer reflexionar bastante. Lo mismo ese miedo me hacía parecer que estaba ahí al pie del cañón porque siempre iba de la mano de del primo este que te hablaba al principio, como para que éramos los dos machitos del corral. Pero realmente de machito yo no tenía nada. Yo creo que estaba ahí, me ponía ahí, no recibía nunca nada. Es curioso, salvo una pequeña brecha de aquí de un vaso que me voló en su momento. Pero sí que tenía mucho miedo al daño físico. Y al final es lo que tú dices, te vas creando una película para eso, para ir poniéndote un disfraz y actuar sobre una masculinidad que no tiene nada que ver contigo, que si hubieses recibido una hostia a tiempo lo mismo, todo eso se hubiese disipado.
Nacho: Sí, tío. Yo con Oliver, con mi hijo, lo he cultivado mucho desde el principio, porque yo he sentido que a mí me ha limitado eso. Y el tema de que no tenga miedo al daño físico, de intentar que cuando pasan cosas físicas, recibe un golpe, además es así él, yo creo que lo trae también de fábrica, pero él se pegan un puñetazo, o se pelean, o se cae, o no sé qué, y es como, bueno, pues ya está. Igual es darme un golpe, a que me insulten, o sea, un dolor físico, un dolor del cuerpo. Y la verdad que no sé si es porque yo lo haya superado o hecho, pero él sí que lo ve de otra manera. Y yo también, porque también con él me daba mucho miedo al principio que se hiciera daño. Era típico padre de este helicóptero que está pendiente de todo para que no se haga daño. Ese he sido yo siempre. Todavía me pasa a veces, pero ya mucho menos. Pero creo que es una cosa clave ahí a reflexionar para para los hombres, ¿sabes? Ese miedo. Y quizá el decir, bueno, pues, ¿qué prefiero? Yo, por ejemplo, el que estás por ahí con unos amigos, imagínate, en un restaurante o en donde sea. De hecho, me pasó una vez una cosa muy curiosa, pero fíjate cómo ya pensaba en eso, aunque no era exacto. Estaba en Moncloa, salíamos por ahí de fiesta. Seguro que tú también has salido por Moncloa de fiesta en Madrid. Y pasamos por al lado de un bar, íbamos varios amigos, 5 amigos que iban delante. Yo iba con la chica con la que estaba y con la amiga de la chica con la que estaba, que era la novia de uno de los que había delante. Y de los que había delante, este amigo era el más gallito de todos. Y yo iba de la mano con esta chica y tal. Y entonces se pasaron por al lado de un grupo de chicos y no sé qué cojones les dijeron, que se empezaron a pelear, ¿sabes? O a zarandear o no sé qué. Pero como esto de nada, 5 segundos, se tiraron unas botellas tal, y yo estaba detrás. Y entonces según llegué yo, ellos vinieron, nos dijeron no sé qué, salieron corriendo todos. Y todos los chicos salieron corriendo y me quedé yo solo con las dos chicas. Y claro, en ese momento era como, ¿corro? ¿Qué hago? O sea, en una panda a lo mejor de 15, 20 personas corriendo detrás de ellos. Y me quedé, ¿sabes? Y fíjate que salieron todos corriendo, le persiguieron y tal, ya no les alcanzaron, se dieron la vuelta y vinieron todos corriendo a por mí. Me rodearon con las dos chicas y cuando estaban casi a puntito de— yo no me rompí ni nada, ¿sabes? Dije, como ve, Digo, que yo no he hecho nada, estoy con ellas, son mis amigos, pero yo no he hecho nada. Y me puse delante de las chicas y vino como el más machito de todos ellos y dijo, no, que este no ha hecho nada, este se ha quedado con las chicas. Y me dejaron ir con las chicas. Pero fue como el ejemplo que dices, esa vulnerabilidad y esa serenidad de decir, coño, me he quedado aquí. Como yo me quedo porque sé de verdad que no me puedo ir, no las voy a dejar a las dos. ¿Cómo me voy a sentir yo si me voy yo corriendo? Y dejo a las dos chicas con los tacones aquí y las pegan una paliza. Entonces, creo que cultivar eso incluso ahora, quizá no con la agresividad de que te peguen, pero sí con que dejes de tener un amigo, por ejemplo, porque le digas algo que desde tu autenticidad digas, mira, no, tío, yo esto no, conmigo no va. Muchas veces no hacemos eso por no perder el amigo, que es parecido a ese daño físico, que a lo mejor ahora ya no está tan presente, pero sí está presente el que no te quieran hablar o el que seas el raro del grupo, sabes, o que seas el que no sé, el que tiene una opinión diferente.
Alfonso: Sí, eso cuesta, cuesta mucho, la verdad, salir de ahí, de decir, joder, pues mira, por aquí no voy. Pero realmente, cuando empiezas a mostrarte tú, a equilibrarte y demás, es que toda la gente que sobra realmente se va, aunque la sigas queriendo realmente, la quieres y demás. Pero bueno, no estoy en coordinación con lo que tú expones de ser, pues eso, ir a meterte en jaleos. Y la gente se cae, tú le sigues queriendo y sigues teniendo un contacto y sigues teniendo contactos fenomenales. Pero cuando te equilibras y te muestras de manera vulnerable, empieza a venir personas a tu alrededor que te hacen ser más fuerte al final. Y tú ahí en el ejemplo que pones es un ejemplo brutal para ponerlo en un libro realmente. Esa fortaleza de decir yo me quedo con las chicas, hostias, ¿quién fue el que solucionó el problema ahí de la agresividad? ¿Más agresividad o esa manera de decir joder, no? Esa manera de protección de coño, yo me quedo aquí que creo que es donde tengo que estar, ¿no? Con estas dos chicas, aquí es donde tengo que estar. Al final es un ejercicio de confianza, te da mucha más fortaleza que el envalentonarte y pensarte pues que eres eso, eres pura testosterona. No, creo que mucha más fortaleza al equilibrio que el permitir que la testosterona te cabalgue por tus venas, a fin de cuentas.
Nacho: Ya ves, sí, la verdad que sí, tío. ¿Cómo crees tú que afecta esto en en las relaciones. Porque claro, antes yo por lo menos empecé mi relación, esta última, los 11 años que llevo con Sara, desde esa masculinidad, sabes, vamos, 100%. Y desde esa posesividad y desde esa competitividad con los otros, con esa competitividad con los exnovios, sabes, todo esto. Yo empecé así.
Alfonso: Yo todo lo contrario, tío. Yo creo que ahí nunca he tenido ese concepto de nunca he actuado con ese disfraz de masculinidad en ambas relaciones. He tenido dos relaciones largas, una no fue demasiado fluida, pero me ha dado mucho aprendizaje, y la actual, que es la de mi mujer, llevamos 9 años juntos. De hecho, hace 2 días fue nuestro aniversario y mañana se cumple el peque, además. Y yo ahí sí que siempre me he mostrado, siempre me he mostrado. Y ahí yo creo que está la clave que rompe esos estigmas de las relaciones con el tiempo se van deteriorando. Los cojones 33. Perdona que te lo diga de esta manera. Cuando tú realmente rompes con esos estándares de machito controlador, no sé qué, no sé cuántos, la relación no hace más que potenciarse constantemente. Te muestras como eres realmente, te muestras vulnerable de corazón a corazón. Hay veces que de vez en cuando te viene ese pilotito, porque sí, de que bueno, tiene que estar todo un poco más controlado, pero no, todo lo contrario. Ahí la La semilla para una bonita relación es quitarte ese trajecito de Superman y mostrarte tal cual eres, porque ese sí es el Superman de verdad. Y la relación ahí fluye de una manera brutal. Ya te digo, de hecho ahora lo hablamos mucho Sara y yo, que encima nuestras mujeres se llaman igual.
Nacho: Sí, se llaman igual.
Alfonso: De eso, de decir, joder, qué bonito es romper. Volvemos a los estándares, eso, ¿no? Que decía, no destacar. O sea, qué bonito es destacar, porque las cosas importantes como el amor en pareja, hostias, es que tiene una evolución brutal, pero brutal. Y es muy bonito salirte de ese patrón, porque luego, coño, yo trabajo en un hotel, como sabes, veo mucha gente a mi alrededor, veo muchas parejas que conoces y que no conoces, y se vive muy en lucha, muy en lucha en el tema de pareja. Y cuando te permites abrirte, que al final entender la masculinidad o la feminidad, me da lo mismo, es simplemente Entenderte y entregarte y mostrarte como eres. Punto. A partir de ahí todo fluye de una manera brutal.
Nacho: Tú fíjate qué importante. Siempre lo digo en estos podcast porque al final yo soy hombre y hay unas perspectivas de mujer que no puedo entender. Intento no meterme mucho en eso porque sé que tienen otras cosas y es diferente. Ojalá haga mi mujer y la tuya un podcast y hablen de la feminidad, que también hay por ahí seguro muchos. Pero me parece súper interesante, que de hecho hay muchas mujeres que me siguen y que luego me escriben y dicen, oye, me ha servido un montón el podcast para entender más a los hombres, el punto de vista de un hombre. Uno que hice con Rubén, por ejemplo, de paternidad. Y en este creo que es un poco lo mismo. Sí, ese estuvo súper chulo. Además, que Rubén es que el tío tiene una historia con la paternidad espectacular. Y en esto me venía lo mismo, es como, claro, tú imagínate, vosotras, te hablo a ti, mujer, imagínate Ese hombre que tienes enfrente ha aprendido de su padre, probablemente de todas las referencias masculinas que ha tenido en su generación, que tienes que poseer a la mujer, por un lado. Y ha aprendido también que para sobrevivir tienes que ser igual. Todos son iguales. O sea, es como todos somos iguales y lo que nos diferencia es la fuerza que hacemos. Es como eso. Creo que el resumen es ese. Es como eres igual a todo el mundo, lo que te diferencia es lo agresivo que seas. El que pega más fuerte es el que se queda con la mujer, prácticamente. Y si te sales de ahí, si dejas de ser el que pega más fuerte y decides ser diferente, aunque pegues más fuerte, te van a dar una paliza entre todos porque no eres igual. Es como estás jodiendo la competición. Aquí solo queremos competir por ser el más bruto, ¿sabes? El más masculino, en plan de esa generación. Y claro, ahora cambiar toda esa película, que nos han metido tus amigos, todo esto, a decir no, no, es que en verdad lo que te hace que tu mujer se vaya a quedar contigo es que seas auténtico. Y en el momento que eres auténtico, eres peor que todos y mejor que todos, ¿sabes? Es como porque no tienes comparación. Al ser auténtico ya no es que pegues más, que pegues menos, no puedes ser posesivo, dejas de comparar. Yo he sido súper celoso y entonces comparabas y decías Hostias, mi amiga, o sea, mi mujer tiene amigos más fuertes que yo, que están más fuertes o más buenos o más guapos o más tal. Y te hace sentir inseguro y te lo crees, tío. Yo me lo creía antes. O mira, es que este tiene más dinero, o es que tiene más no sé qué, porque estás en ese paradigma antiguo de masculinidad de que más es lo que van a elegir las mujeres. Pero creo que el nuevo paradigma es como no, al final la mujer con lo que se va a quedar, y no siempre, porque creo que hay mujeres que todavía por lo que han visto en su padre, buscan un padre y buscan un padre masculino de esa masculinidad antigua. Y hay muchas mujeres, voy a decir confundidas, pero no sé si es confundida. Quizá es no sanada todavía o no madura o yo qué sé, en su proceso. No pasa nada, no hay ningún, ningún juicio, pero que puede pasar que busquen un papá, que su papá es así, igual que nosotros a veces buscamos una mamá que no tiene nada que ver con la feminidad y con lo que sea, por lo que hayamos vivido o interpretado. Pero creo que hay un paso tan importante, tío, y es tan liberador. Liberarte de esa masculinidad, desde decir, coño, mi mujer me elige por la vulnerabilidad, me elige por demostrar mis emociones auténticas, me elige porque soy un cafre a veces, me elige porque soy la hostia otras veces. Y no va a cambiar de pareja porque otro sea mejor, va a cambiar de pareja porque otro sea más auténtico, ¿sabes? O porque, yo qué sé, o porque se cruce y se enamoren, yo qué sé.
Alfonso: Te elige porque eres tú. Punto. Literal, tío, porque eres tú. Al final te elige porque eres tú, no porque eres algo que tú te quieres inventar. Como te inventes algo, eso se va a terminar en algún momento, te va a suponer un esfuerzo brutal, y llegará un momento que, como bien sabes, el cuerpo humano tiene un umbral de sufrimiento, y eso te va a llevar hasta que revientas y tienes esa crisis, catarsis. Y bueno, eso está muy bien también para encontrar esas herramientas que te hagan encontrarte a ti mismo, ¿no? Pues eso, nos encanta desempeñar papeles, con lo cual es muy importante. Yo creo que estamos en una generación puente para muchísimas cosas, y en este caso igual. En el caso de la masculinidad, tenemos una responsabilidad enorme hacia nuestros hijos, ya personas pues eso que entienden la masculinidad desde otro punto, para que todos esos patrones se terminen rompiendo. Y yo estoy seguro que de aquí a 3 generaciones, aparte de la masculinidad, en otro tipo de temas, el mundo va a molar mucho de aquí a 2 generaciones o 3. Mucho, mucho. La verdad que sí, porque se están rompiendo muchos, muchos patrones que nos hacen sufrir de manera innecesaria. Sobre todo eso es que somos especialistas en complicarnos la vida. Y en este caso de la masculinidad es que es más que evidente tener que desempeñar un papel que tú no eres para conseguir el qué. No, para conseguir.
Nacho: Al final, yo creo que no es ni conseguir, que es para evitar. Es por miedo casi siempre, tío. Es lo que siento.
Alfonso: Sí, posiblemente es lo que siento.
Nacho: Porque hasta el conseguir, tío, que yo veía el tema del dinero mucho por conseguir, no era por conseguir y que te reconozcan, era porque tenías miedo a no conseguir, ¿sabes?
Alfonso: Y al final, y eso es parte de lo que tú estabas hablando, de esa masculinidad, el conseguir para yo aparentar más y para que Esta mujer que tengo a mi lado, al final seguramente que le rechinaría de cojones. Si esa mujer te quería de verdad por cómo tú eras o por cómo eres, al principio que nos mostramos un poco lo mismo, es que lo estás desvirtuando, te estás desvirtuando por completo, estás perdiendo toda tu fortaleza. Ponte al gimnasio 3 horas, te da igual, es que estás perdiendo toda tu fortaleza. Es imposible.
Nacho: La verdad que sí, tío. Y estaba pensando ahora mismo en este podcast que ahora hay un montón de, bueno, con todo el tema del sexo, de los no binarios, de homosexuales. Bueno, esto estaba de siempre, ¿no? La homosexualidad, los trans y todo eso. Lo veo que la lección es para todo el mundo, ¿sabes? Es como porque hay masculinidad en todo. Hasta en las mujeres tienen una parte masculina. Entonces esto que hablamos no es específico de hombres heterosexuales, ¿sabes? Como es específico de humanos, tío. Total, total.
Alfonso: O sea, al final, cuando lo haces de esta manera, lo que te hablaba al principio, los términos terminarán desapareciendo. Necesitamos tener ese término masculinidad para darle un entendimiento a algo que es anormal a día de hoy. Yo creo, desde mi no juicio, realmente es anormal porque a mí me ha hecho sufrir intentarme poner ahí. No es que esté diciendo que sea bueno o malo, sino que desde ahí a mí me hace sufrir. Con lo cual, algo que me hace sufrir entiendo que no es bueno para mí. Y cuando rompes, cuando intentas romper con todo eso, da igual ya que se llame masculinidad, feminidad o lo que le quieras llamar. Deja de existir al final, deja de existir ese término porque ya no hay que encasillar una anomalía a un término. Ya es algo normal. Nos mostramos, somos como somos, nos atraemos los que estamos en sintonía y nos repelemos los que no estamos en sintonía. Ya está.
Nacho: Es tan sencillo.
Alfonso: Pero claro, hay un trabajo, hay mucho que romper. Al final hay mucho, hay mucho, mucha educación que romper. Pero bueno, en eso estamos.
Nacho: Sí, sí. Además, fíjate, una última cosa así que se me viene, que es como porque también veo que a veces confundimos la masculinidad, la nueva masculinidad, o llámalo como quieras, o el ser vulnerable, por ejemplo, y lo confundes con que tienes que ser un hombre que llores, sabes, que llores mucho por todo, o yo qué sé, o que te muestres en plan desvalido, o que te muestres, lloras, una visión rara. Claro, pero que si no, no. Es como, no es eso, ¿sabes? Que hay gente que cree, que dice, ah, claro, yo para ser auténtico entonces tengo que mostrar mis emociones y estar como así y no sé qué. Porque quizá es lo que hemos visto en la feminidad que nos creemos que es esta masculinidad, ¿sabes? Pero es como, no. Al final, para mí lo que se trata es que muestres tus emociones auténticas. O sea, que si estás triste, estás triste. Si estás enfadado, estás enfadado. Si estás Y si estás triste y no eres de llorar y no lloras, no pasa nada. El tema es que lo digas, porque también ahí yo lo siento todavía en mí, que también lo acepto así porque no tengo problema para aceptarlo. Pero es como yo puedo estar triste, tío, y yo para llorar me cuesta un montón, ¿sabes? Y está bien.
Alfonso: Ni con cebolla, ¿no?
Nacho: Ni con cebolla casi. No, lloro de vez en cuando, sí, pero que no soy una persona que me sea fácil llorar, ¿sabes? Me pueden saltar lágrimas o lo que sea. Y antes era como que decía, joder, Pero no lloro, está mal. Mira a la gente cómo llora. Y es como, no, tío, tú tienes tus movidas, tus traumas, tus cosas. Lo importante es que aunque no llores, si te estás sintiendo de tal manera, lo comuniques o tú mismo te lo aceptes, que digas tú, oye, pues mira, sí me siento supertriste, pero no es que llores más y que lo muestres, porque al final se convierte a veces en un escaparate de que tienes que demostrar que eres vulnerable.
Alfonso: Claro, pero es que porque asociamos todo siempre a la parte, digamos, No sé, mala, llámalo lo que quieras, no me gusta el tema del prejuicio, ya sabes. Pero bueno, él dice, no, es que para mostrarme vulnerable realmente tengo que llorar. No, joder, para mostrarme vulnerable tengo que decir, soy feliz. Que yo ahora lo digo mucho.
Nacho: Por ejemplo.
Alfonso: ¿Quién eres? Cuando me preguntan quién eres, antes no tenía ni puta idea, ahora te digo quién eres, pues un tío feliz, realmente, un tío feliz, ya está, no pasa nada. Y esa es mi vulnerabilidad, decirte que soy feliz dentro de un caldo de cultivo en el que te encuentras pues no del todo favorable. Pero ya está. Así es simplemente. Y si estoy triste, pues estoy triste. Mi hijo ahora muchas veces, cada vez que no sonrío, porque no sé si creo que te lo mandé, el regalo del papá, dijo: ¿Qué es lo que más me gusta de mi papá? Es feliz. A mí me reventó. De hecho, me dio la pista de qué soy. Y ya te digo, cuando no estoy sonriendo me dice: Joder, papá, ¿es que estás triste? ¿Estás enfadado? No, tío, tampoco puedo estar sonriendo durante todo el día. O no me nace. No pasa nada, pero no significa que eso sea lo otro, no es dual, no es porque no sonríe no voy a ser feliz. Pero en este caso es eso, que parece que para mostrar un lado vulnerable tengamos que llorar o mostrar tristeza o no sé qué más emociones bajas. ¿Por qué tener que mostrar algo tan bonito como es tu ser en emociones bajas? No, joder, muéstralas también en las altas, es igual de vulnerable.
Nacho: Claro. En todas, tío. Qué bien.
Alfonso: No sé si— ¿Te he hecho una?
Nacho: También, sí, sí. No, no, no, que va, estaba interesante. Te iba a decir que si se te ocurría alguna pregunta o algún tema más así que te gustaría tocar de esto en este podcast. Yo estaba pensando a ver qué se me ocurría.
Alfonso: Pues no sé qué decirte, la verdad.
Nacho: ¿O algún consejo así extra que quisieras dar? Hay mucha gente que escucha este podcast que está en esas fases de de redescubrirse. Y creo que una parte de redescubrirte es hacer las paces con tu masculinidad, con tu poder personal como hombre o como mujer en tu masculinidad, pero descubrir esa parte. Y bueno, si quieres dar algún consejo de cómo redescubrirla o asentarla.
Alfonso: Al final, que la gente experimente un poco con diferentes patrones. Si tienes interiorizado el irte para adelante, ser esa persona robusta, ruda y demás, experimenta en mostrarte un poco más. Empléate durante una semana, un tiempito, 10 minutitos en casa para, hostias, ¿por qué actúo yo de esta manera? E intenta desempeñar otro papel. Estás desempeñando este papel, ¿te sientes cómodo? Fenómeno. Desempeña el otro, a ver en cuál de los dos te sientes más cómodo y tira por ese camino. Simplemente, quizás es lo que me nazca. O a la hora de hablar con tu mujer igual, hostias, ¿cómo me ves? Pues muchas veces necesitamos que nos digan cómo somos. Pues que te digan, tío, pero tú eres más bruto que un arado. Hostia, vale, pues voy a reflexionar sobre lo que dice mi mujer de mí, ¿no? Soy más bruto que un arado. Hostias, pues voy a intentar lo mismo. Oye, ¿y a ti te gustaría que te den una pista? Si no nace de ti porque no quieres, no estás acostumbrado a, digamos, a emplear tiempo para ti, que te dé pista la gente de fuera, ¿no? Por ejemplo, tu mujer o tu hijo o un amigo. Oye, ¿tú cómo me ves? Pues te veo más bruto, como decíamos con Ana. Vale, guay. ¿Y cómo te gustaría lo mismo verme? Hostias, pues sería curioso lo mismo, Alfonso, verte un poco más sensible, un poco más vulnerable. Bueno, pues métete en el papel y juega un poquito durante una semana a ver qué camino es el que te resulta más fácil y tira por ahí.
Nacho: Sí, sí, qué guay. Yo le diría que yo he sufrido bastante el pensar que si Si admitía mis debilidades, por ejemplo, sabes, de decir, mira, no puedo más, sabes, hoy no puedo más, o hoy mira, es que ya no te puedo ayudar con esto, no era, no era masculino, sabes, no era como, iban a confiar menos en mí. Y me he metido en un montón de jaleos por no conocer mis límites y decir que sí a todo, que venga, yo puedo, yo puedo, venga, voy a demostrar que yo puedo, qué tal. Y me he metido en más jaleos por eso que lo que ahora veo que me pasa cuando digo, Mira, tío, no puedo. Es como ya no puedo con otra cosa más. Me encantaría ayudarte, pero es que no puedo, estoy desbordado. Oye, mira, pues no, en esto me está yendo mal, ¿sabes? Y al final ves que el universo y la gente, tío, con eso te ayuda, ¿sabes? Pero de la otra manera no te puede ayudar. Al contrario, te manda más cosas todavía para que aprendas, para que ya digas en algún momento: Mira, que ya no puedo más, déjame. Entonces, creo que hay una rendición muy valiente que puedes hacer desde tu masculinidad, que te abre una puerta a un montón de poder que no conoces hasta ahora, ¿sabes? Y a una autenticidad también que no conoces. Entonces, qué bonito sería que la gente viendo este podcast y demás se empiece a animar a rendirse al universo, tío, a la vida, y abrirse desde esa vulnerabilidad y permitirse recibir.
Alfonso: Exactamente, porque es que cuando empiezas desde ahí es que parece que navegas por todo. Es como— Te abres, te rindes, el no, ese no tan saludable que hay que decir más a menudo, que no pasa nada. Evidentemente no te vas a volver apático, le vas a decir a todo que no y no quiero moverme. Pero cuando te supone un esfuerzo de más y hoy no estás con la energía suficiente, pues mira, no. Aunque nos hubiese pasado, ¿no, Nacho? Yo estaba deseando hacer este podcast contigo, que me llegues hoy. Oye, mira, Alfonso, es que me he levantado torcido, no, lo siguiente. Pues nada, joder, qué bueno, Nacho. Gracias por decirme que no, porque encima lo que vamos a hacer no tiene sentido.
Nacho: Al final, totalmente.
Alfonso: Así que llegará el momento del sí, tendrá todo el sentido del mundo, o viceversa, ¿no? Que no hubiera sido el momento y te digan, Nacho, es que no puedo, tío, deseo hacer esto contigo enormemente, pero es que no, es que hoy no veo el día. Es que no vamos a dar valor a nada, ni a nosotros ni a nadie que nos escuche. Y ya está. Al final, esa es la fortaleza. Cuando es sí, es sí, y lo notas y lo sientes. Y cuando es no, permítete que sea no, porque lo que vas a crear es ese disfraz del que yo te hablaba al principio, que te genera Ser más, más débil aún si cabe.
Nacho: Sí, sí, tío. Al final yo creo que de las claves del podcast es eso, tío, que siendo uno más obtienes una falsa seguridad que te puede durar toda la vida, ¿sabes? Por ser uno más, por tener la máscara como todo el mundo, por no destacar, por ser agresivo para protegerte, ¿sabes? Es como, vale, vas a ser uno más, pero es que eres un número más. No estás viviendo la vida que podrías vivir si fueras auténtico, ¿sabes? O sea, casi que la siguiente vida que vivas te pondrán en los apuntes antes de venir. Oye, acuérdate, capullo o capulla, que vas con esto para vivir una vida única, no para que hagas lo mismo. No repitas, joder.
Alfonso: Es muy chulo y ligado con lo de lo experimental que me hablabas del consejo a dar. Estamos experimentando ser lo que es todo el mundo. Pues coño, permítete experimentar salirte del redil a ver qué pasa. Simplemente prueba. Y a ver qué pasa, porque por experiencia propia creo que no vuelves al redil.
Nacho: Ya ves, total. Qué guay. Pues oye, Alfonso, ¿dónde pueden encontrarlo? Pondré por aquí debajo seguramente el enlace. No sé si en tu Instagram los publicas, los Respiration Days, que además los haces temáticos sobre respiración, cosas súper chulas. ¿Dónde lo pueden ver? Si es fácil, y si no, se lo ponemos aquí debajo.
Alfonso: Sí, al final es en mi Instagram. Yo, como sabes, trabajo aún en hostelería, pues lo estoy compaginando en toda esta parte de de facilitador de respiración y demás, y lo voy compaginando. Tengo en mente hacer una web porque creo que la respiración tiene muchas temáticas para ir poniendo cada uno, tener un escaparate para según tengas la necesidad poder tratar en un tipo de sesión o en otra lo que necesites. Y la web está ahí, pero el tiempo son 24 horas, con lo cual ahora mismo es en Instagram simplemente, mi perfil de Instagram es donde voy Voy colgando todo.
Nacho: Guay. ¿Cuál es por si te buscan? Y aparte, para ponerlo aquí debajo después.
Alfonso: Es González Gómez Alfonso.
Nacho: González Gómez Alfonso.
Alfonso: Guay.
Nacho: Pues nada, tío. Oye, gracias. Ya te iré contando el feedback del podcast, seguro que ayuda mucho. Y nada, tío, gracias por haber estado aquí. Ha sido un placer charlar contigo.
Alfonso: Gracias, gracias a ti. Una charla muy nutritiva. Es un honor compartir ratitos contigo.
Nacho: Gracias, tío. El honor es mutuo. Pues muchas gracias, tío. Muchas gracias a todos por ver este podcast. Compártelo si te ha gustado. Déjanos un comentario también en las preguntas aquí, si estás en Spotify o en YouTube. Y nada, nos vemos en el siguiente. Chao, chao. Este podcast está patrocinado por el Instituto de Respiración Consciente y quiere regalarte una innorespiración consciente gratis para que puedas acelerar tu despertar con Oye Nacho. No dejes este contenido del podcast en tu mente y bájalo al corazón con esta respiración. Entra en respiragratiss.com, dinos a qué email te mandamos el material gratis y a respirar.

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